domingo, 30 de noviembre de 2008

El arte de la esquina

Boletín Mensual Nº 17 – Año 2
Diciembre 2008






Johannes Vermeer de Delft- Taller del artista




Sumario

Estética del Renacimiento (Quinta Parte)
Del Graffiti al Muralismo
Graffiti





Estética del Renacimiento (Quinta Parte)
Por la Lic. Alicia Grela Vázquez


La Estética renacentista se basa en el cambio gradual del dogmatismo al escepticismo. Este rasgo es positivo, porque transforma las dudas en vehículos del conocimiento.
Cronológicamente considerado el primer pensador de este período es Nicolás de Cusa, aunque aún mantiene vínculos con la Escolástica medieval.



Nicolás de Cusa


El principio básico de su filosofía es la unidad de contrarios: Dios. Esto lo capta sólo el intelecto regido por la Lógica. La ignorancia es el resultado de la finitud del espíritu humano. Ella es una docta ignorancia. El mundo es como un libro que Dios ha escrito y es necesario ver los signos que en él ha estampado su Creador.


Teología negativa

El Universo no tiene un punto fijo. Todo está en movimiento, incluso la Tierra. Esta idea es desarrollada por los astrónomos de la Modernidad, quienes elaboran el sistema heliocéntrico.



Jan Vermeer de Delft- El Astrónomo. 1668


La Estética Renacentista es Humanista. Considera al griego como Homo humanus, en oposición al Homo barbarus. Para Cicerón la Humanitas representa la cultura y las virtudes helénicas. Pero en el Renacimiento se amplía el modelo al sumarle el arquetipo latino.

Lo común en los pensadores y artistas renacentistas es su interés por el hombre. El Humanismo puede ser considerado como un sistema, un modo de pensar diferente del que está centrado en la Naturaleza o en la Trascendencia.

En la Modernidad se produce la desacralización del saber. La revelación de la Naturaleza es distinta de la bíblica, aunque expresa el mismo sentido. No es objeto de fe sino de investigación. La tarea de aproximación es infinita. El hombre moderno espera llegar progresivamente a un conocimiento perfecto y completo del Universo.

El hombre del Renacimiento busca conocer el mundo por la experiencia y la razón para finalmente descifrar el Universo. Al desacralizar la Naturaleza se produce la secularización del saber. Esto permite explicar, predecir y gobernar los hechos.

La actitud cristiana frente al Humanismo fue en general de aceptación. Sin embargo, Lutero y Calvino son considerados antihumanistas, pues rebajan la Naturaleza humana al hacer depender la salvación exclusivamente de la Gracia Divina, lo que no sucede con el catolicismo.

El hombre renacentista no es anticristiano. En el Renacimiento no se paganiza al Cristianismo, sino que se acristiana el paganismo. Se reacciona contra el principio de autoridad, pero se sigue teniendo un profundo sentido religioso. Una expresión de esto es la multitud de conflictos religiosos: pagano-cristiano y también dentro del Cristianismo: catolicismo-protestantismo y Reforma-Contrarreforma. A menudo la pasión religiosa y la Estética se confunden.

Este proceso alcanza a otras manifestaciones culturales. La Educación empieza a estar en manos de laicos. El Arte renacentista ya no se limita a temas religiosos. Continúan los motivos de ese carácter: Madonne (Madonnas) y Cenas. Reaparecen los temas mitológicos. En ambos el ser humano se transforma en modelo para los artistas plásticos, que sintetizan en sus obras los valores estéticos y los resultados de estudios de Anatomía. Esto se muestra especialmente en la Pintura. Ella sublima oscuras tensiones ancestrales y eleva al hombre a una mayor dignidad. Así se constituye, por antonomasia, en el Renacimiento italiano.

El texto de Vitrubio es significativo también para la Pintura. En él están las Leyes de la Perspectiva, utilizadas por Masaccio.
La Edad Media conoce la Perspectiva como una relación proporcional a la importancia y dignidad de las personas, incluidas las jerarquías celestes.

Aún en la Edad Media la belleza celestial se puede encontrar en la Tierra, tal como afirma Santo Tomás: “Dios se alegra de todas las cosas porque todas y cada una están en armonía con su esencia.”

Pero la Modernidad trae la Perspectiva aérea. Se pinta como se ve. Se disfruta lo sensible y eso incluye a la Naturaleza íntegra. El hombre es estudiado anatómicamente para conocerlo y para reflejar adecuadamente su belleza.
Se aplica el conjunto de reglas de Brunelleschi y de la Escultura, pero el tratamiento de la luz y la Perspectiva es abordado desde la propia época.

Desaparece la ilustración en los libros. Sólo queda en tablillas, caballetes y murales. Se ha de reproducir la temática mitológica clásica, la implícita en las Sagradas Escrituras y las escenas cotidianas.

Florencia puede ser considerada como el origen prerrafaelista. Su modelo: Giotto




Adoración de los Reyes Magos de Giotto (siglo XIV)


Giotto – Entrada en Jerusalén



El creador de esta nueva concepción es Masaccio. En los frescos de la Capilla Brancacci con el uso de la Perspectiva y el juego de luces y sombras logra figuras tridimensionales.


Masaccio – Capilla



Masaccio – Detalle Capilla



Masaccio – Madonna con niño y ángeles-1426


Son sus contemporáneos: Fra Angélico, quien conserva la temática religiosa medieval y Paolo Ucello: magnífico exponente del escorzo y la Perspectiva.



Fra Angelico – Natividad



Fra Angelico – La Anunciación



Paolo Ucello – Monumento


Paolo Ucello – San Jorge y el Dragón



Paolo Ucello completa el conjunto con Piero Della Francesca. Este radicado en Umbría es considerado como el gran pintor de la Escuela Florentina junto con Andrea Mantegna, cuyas pinturas adornan la Sala de Honor de los Sforza, con imágenes de cortesanos a quienes pinta de cuerpo y alma.



Piero della Francesca - Isabella Sforza y Federico da Montefeltro




Piero Della Francesca – Natividad


Andrea Mantegna - Oculus in the Camera degli Sposi




Andrea Mantegna – Bacanal


Luego, Sandro Boticelli expresa temas bíblicos y de la Mitología clásica de manera sutil. En el Nacimiento de Venus la espiritualidad y la sensualidad son inseparables.


Boticelli – Detalle del Nacimiento de Venus



S. Boticelli-Nacimiento de Venus


Pero, es en el Alto Renacimiento, en Roma que la Pinturaa italiana alcanza el máximo de su potencial con Miguel Ángel, Leonardo y Rafael.





DEL GRAFITI AL MURALISMO
Por Ángel David Guevara Pozas



Como en la mayoría de las ciudades, en México la mayor parte de la expresión en grafiti sólo sirve para ensuciar el, de por sí, no muy estético paisaje urbano y para aumentar la presión sobre el depauperado presupuesto de la población que se ve continuamente obligada a comprar pintura para “resanar” los daños. (GrafMex1)



(GrafMex1)

Bardas públicas o puertas privadas, parecen no importar al grafitero vándalo que, con plena impunidad y cualquier aerosol barato puede contaminar visualmente muchos kilómetros de ciudad. (GrafMex2)



(GrafMex2)

Trazos amorfos sin contenido ni propósito explícitos aparecen “de pronto” sobre cualquier superficie. Limpiar y repintar son dos de las tareas que con inusitada frecuencia deben ejecutar los ciudadanos de la Ciudad de México si quieren vivir en un ambiente visual razonablemente sano. Claro que las únicas beneficiadas son las empresas productoras de pintura que si bien esperarían un cierto volumen de ventas al año, han aumentado significativamente sus expectativas. (GrafMex3)



(GrafMex3)

Aquí entra en escena la dificultad de la definición unívoca para un vocablo. Si grafiti es una “pinta” sobre una barda, con o sin autorización del dueño (Winkipedia, sept 2008) entonces estos llamativos y motivadores promocionales forman parte de un grafiti, sin duda, mucho más deseable que los ejemplos anteriores. (GrafMex4)



(GrafMex4)

Pero no todo es deplorable o publicitario, los amplios espacios verticales que se generan por los pasos a desnivel se convierten en importantes atractores para talentosos artistas populares, convocados o no, que dejan testimonio de una genialidad distribuida tanto en la planeación como en una experta ejecución de obras monumentales que se ofrecen regaladas a espectadores que deberían maravillarse, regodearse en la contemplación. Y que, sin embargo, pasan ciegos, aprisionados en un apresurado hartazgo por los multiplicados minutos que deben esperar para alcanzar el disminuido oxígeno de la siguiente boca del puente. Este es el puente de Avenida Toluca que pasa debajo del anillo periférico. Esta pared está dedicada a la Tolerancia a la diversidad. Vean ustedes la magistralidad en la representación de un ojo que no se sabe si es de hombre o de mujer. ¿Podría pedirse mayor iconicidad? ¿Podría exigirse mayor pericia en el manejo del claroscuro para forzar la tridimensionalidad? Y el lema del mural, ondeando entrante y ondeando saliente: Tolerancia a la diversidad. Me regreso a la izquierda de la mirada serena para centrar la atención del lector en el agrupamiento de razas, intenciones y destinos dentro de un mismo concepto: ¡La huella de la humanidad! Puedo menos que decir que la representación resulta genial por redonda, completa y simple. (GrafMex5)




(GrafMex5)

“Los hijos del maíz” aparece como tema central en la pared de enfrente del mismo paso a desnivel. Los hijos del maíz, siempre asociados con otro de sus grandes benefactores alimenticios: ¡El Maguey! (GrafMex6)

(GrafMex6)


El trabajo intenso, dedicado, compartido sobre la madre tierra es el sustento del desarrollo de un pueblo siempre en ascenso que aporta al mundo música y grandes talentos amalgamados en la representación del siempre admirado Diego Rivera. La imagen femenina oaxaqueña que flanquea al eterno muralista muy posiblemente hace reminiscencia al origen étnico de nuestro excelente grafitero. Lamentablemente el barbarismo trascendente de los desocupados del cerebro ha dejado su huella ofensiva en la obra.
Pero no crean que ya terminamos… el centro del mismo graffiti-mural nos muestra el origen de la Ciudad de México. La llegada de nuestros primeros pobladores con un calzón de manta imaginado como vestimenta de aquellos viajeros que, desde Aztlán, llegaron al centro de un país en formación con la promesa de encontrar un Águila sobre un nopal devorando una serpiente. Con el sol azteca enmarcando el suceso, se reproduce con maestría el trascendental encuentro adornado con el inconfundible símbolo de una zona lacustre y, por tanto, extrañamente habitada por la suculenta xerófita de hojas modificadas como espinas. (GrafMex7)


(GrafMex7)

Los hijos del maíz vencidos, avasallados por una conquista que mezcló su genoma y que dio origen a un México pluricultural, cosmopolita, que sigue, aunque quiera a veces negarlo, sustentado en la producción del campo. Con manifestaciones “folclóricas” en realidad impregnadas en las células de sus pobladores. Con una educación masiva que no logra integrar a la mayoría al privilegio del conocimiento y con una idiosincrasia que ha aprendido a reírse de sus desgracias, incluida la muerte que debe su personificación internacional al gran Posadas. Una lástima que obras de este nivel de perfección conceptual y plástica queden a merced de la ignorante vulgaridad de grafiteros baratos. (GrafMex8)



(GrafMex8)


¡Impresionante emergencia de obras pintadas sobre los pilares del distribuidor vial en San Antonio y Alta tensión! Coloridas recreaciones de los Atlantes de Tula. Explícitos vestigios de la grandeza guerrera y artística de nuestros pueblos precolombinos. La evidente maestría del pintor da tridimensionalidad a una superficie que además de plana, es incómodamente circular.(GrafMex9)

(GrafMex9)

Múltiples guerreros de dimensiones colosales reformulan el contexto de un paisaje urbano hastiante de autos y vueltas de rueda. La ruda serenidad en los rostros de piedra sirve de calmante al ánimo desesperado de automovilistas que irán a alguna parte, dentro de algún tiempo no determinado. (GrafMex10)


(GrafMex10)


El manejo del claroscuro y la aplicación de pátinas espatuladas no sólo reproducen la magistralidad de nuestros ancestrales escultores sino la maduración de las obras cuya grandiosidad se justiprecia al paso de los cientos de años. (GrafMex11)



(GrafMex11)


Aislado el sacerdote de Tula para solazarnos con la magnífica recreación del hermoso tocado, enormes arracadas, pectoral y taparrabo. Si pasara mis dedos por los bordes, seguro sentiría los filos de la piedra. ¡No! Sólo es la ilusión lograda por este artista que ya no nos deja pensar en un grafitero sino en un muralista. (GrafMex12)



(GrafMex12)

En el fondo, una simple elevación que cobija instalaciones para la iluminación y que pudo aprovecharse para representar otra de las manifestaciones de la cultura precolombina ¡Las cabezas colosales de los Olmecas! Bella ¿cierto? (GrafMex13)



(GrafMex13)


La penumbra debajo del puente y su contraste con la brillantez de un cielo despejado, no impide apreciar la maestría de la tridimensionalidad simulada sobre un cilindro liso. (GrafMex14)


(GrafMex14)


Convocado o no, la maestría del artista plástico sorprende a cualquier espectador de esta reproducción de una vasija con un anciano, sus orejeras y gesto noble. (GrafMex15)



(GrafMex15)

Las obras de arte colosales exacerban la dignidad de un paisaje degradado con torpes letreros de “no excavar” al lado de un pilote que fue enterrado n metros hasta encontrar piedra para soporte de un peso tan grande como el de esta majestuosa estructura. (GrafMex16)




Majestuoso como la historia que representa, la imagen de Tezcatlipoca se yergue orgulloso, indomable, enalteciendo un paisaje saturado de trabes que tratan inútilmente de facilitar un tráfico obstinadamente saturado. (GrafMex17)

(GrafMex17)

Permítanme destacar la salvaje nobleza del jaguar mexicano en este detalle del pilote dedicado a Tezcatlipoca. No nos cansaremos de señalar el hiperrealismo en estas obras que alcanzan la justipreciación de muralistas. (GrafMex18)



(GrafMex18)


Es mucho lo que se queda en el tintero, es mucho más lo que hay que recorrer y reportar sobre el arte popular de una ciudad tan rica y policromática como la ciudad de México. Pero hemos logrado una buena muestra de lo que es capaz de realizar un artista cuando planea y ejecuta con dedicación lo que su talento le marca. ¡Ya habrá nuevas oportunidades!



Graffiti
Julio Cortázar

Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar un dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, acercarse con indiferencia y nunca mirar los graffiti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote en seguida. Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término graffiti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas.
En la ciudad ya no se sabía demasiado de que lado estaba verdaderamente el miedo; quizás por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo. Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza.
Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos. Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien como si fuera poco era una mujer. Vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo, una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas. Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez.
Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer de un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garage, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte.
Volviste al alba, después que las patrullas relegaron en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
Casi en seguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garage, a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el café de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garage y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.
Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella así en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante como para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso un espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora. Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más a morderte las manos, a pisotear tizas de colores antes de perderte en la borrachera y en el llanto.
Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste el placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garage. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quiso patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo.
Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo.
Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste al mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaban a la patrulla de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violetas de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.


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