domingo, 25 de enero de 2015

El arte de la esquina


Boletín Mensual N° 90-Año VIII

Enero de 2015



Diana cazadora - Escuela de Fontainbleu


SUMARIO
Apuntes para una Estética del Impresionismo (parte XV)
Artemisa cazadora




Apuntes para una Estética del Impresionismo (parte XV)
Texto: Lic. Alicia Grela Vázquez
Imagen: Prof. Elsa Sposaro


Es necesario aprender a escuchar. En coincidencia con María del Carmen Aguilar, quien lo sostiene en “La Música en la Educación Musical”, afirmo lo mismo. Reconocer cuándo termina algo (determinar segmentos que se puedan representar gráficamente como unidades de sentido) y advertir qué es, permite asociar nombres (estrofa, estribillo, etc.) a esas entidades.  


Se hace imprescindible discernir por qué etapa va la música (sensación de introducción, de algo nuevo, de elaboración de lo ya escuchado, de transición, de que está por concluir). Es siguiendo a esta autora que se presenta el trabajo siguiente, a modo de ejemplo.

En el marco que ofrece el actual Diseño Curricular, en la Cátedra de “Fundamentos de la Educación” se ha propuesto a los alumnos (de primer año del Profesorado de Artes Visuales con orientación en Cerámica, en la Escuela” Rogelio Yrurtia” de Mar del Plata, Argentina) una actividad de escucha e interpretación de textos musicales.



El principal objetivo es el de transferir a otro ámbito (el propio de las Artes del Tiempo) las competencias plásticas.  Se busca con ello facilitar la conversión del Homo videns, (analizado por Giovanni Sartori), en Homo sapiens sapiens e integrarlos en la Cultura Musical.
Es menester rescatar las demás competencias artísticas. Éste que es un auténtico desafío en la enseñanza en general, se hace especialmente importante en la Educación Terciaria (Artística y Superior). Aquí no basta investigar. Hace falta asombrar y recuperar la alegría y el placer en el trabajo.
El propósito secundario es que, a través de las tareas propuestas, en el curso se plasme una producción artística, en el modo en que los símbolos de las imágenes polisémicas posibilitan. La Semiótica artística implica connotaciones explícitas, unas y crípticas, otras. Las interpretaciones divergentes de lo que el uso común privilegia como paradigma de decodificación, son enriquecedoras.
En la base de toda esta labor está la consideración de que la composición musical (anónima y de autor) hace pensar en una realidad alternativa, con otras posibilidades que aquellas que el sentido común y lo cotidiano ofrecen.
La práctica docente no se limita a tomar contacto con los tecnicismos para inducir a los estudiantes a decodificarlos. Se tenderá a alcanzar la transcodificación. La experiencia áulica hoy permite la actuación individual, personal de cada uno, como así también el trabajo colaborativo en pos del colectivo. La tarea en equipo muestra lo mucho que se consigue con la participación igualitaria.
Se propone la actividad de audición de “La Mer” de Claudio Debussy (representante sobresaliente del Impresionismo Musical) para ahora pedir:
·         Reconocer las distintas partes de la obra.
·         Identificar características del ritmo.
·         Distinguir los materiales utilizados.
·         Traducir plásticamente.
En este informe se adjunta la producción de los aspirantes a Profesores de Artes Visuales para constatar el cumplimiento de la consigna y permitir el deleite estético.

ACTIVIDADES DE INTERPRETACIÓN-PRODUCCIÓN 

El mar - Verónica Reliz



El mar - Sebastián Moreno


El mar - Sebastián Moreno


El mar - Laura Sosa


El mar - María Guadalupe Castilla






Artemisa cazadora
Texto: Lic. Alicia Grela Vázquez
Imagen: Prof. Elsa Sposaro

Artemisa


Si se quisiera hacer un relato de aventuras que no tuviese fin, sólo habría que narrar los hechos de la vida de la diosa griega Artemisa (la cazadora Diana de los romanos). Cada uno de los acontecimientos podría constituirse en un episodio rico en personajes complejos y acciones vinculadas entre sí, en un entramado. El tejido o texto resultante sería un tapiz de una exuberancia y colorido digno de integrar la colección de la obra de Aracné.

La serie estaría abierta a infinitas conexiones que vincularían a inmortales (dioses, titanes y otras criaturas mitológicas) con mortales (héroes y humanos). Para dar comienzo a la propuesta, vaya esta presentación a modo de intento de aproximación.

Artemisa es una maravillosa apertura, incluso desde la lengua, del idioma, ya que hay (y puede establecerse claramente) una relación etimológica entre su nombre y la palabra “osa” en griego. Este vínculo quiso también hacerse real en varias ocasiones. Por ejemplo, antes de contraer matrimonio, las muchachas casaderas pasaban un año sirviendo en su santuario. En ese período eran designadas como “oseznas”.



Santuario de Artemisa


Esta unión no fue meramente nominal, pues también intentó materializarse, como en el caso relacionado con la bella Calisto, su ayudante, cuando el abusivo Zeus la violó, tomando el aspecto de Artemisa (o de Apolo) engendrándole un hijo (como previamente había hecho con Leto, la madre de la propia Artemisa cazadora).



Calisto y Zeus - François Boucher




El padre de dioses y hombres (como era designado Zeus, el Júpiter latino) repitió con la joven asistente, la triste hazaña de la que fue víctima Leto (o Latona) y a la que Artemisa debió su origen. Y, tal como sucedió anteriormente procreó (aunque con engaños) a un nuevo ser, que se llamó “Arcas”, al que corresponde la misma etimología.



Calisto y Arcas


Nuevamente intervino la vengativa Hera, quien castigó irracional e injustamente, a la víctima, transformándola en osa. Su trágico destino hizo (con la participación de la resentida diosa) que su hijo en una cacería, casi le diera muerte.



Calisto y Arcas



Finalmente, Zeus se compadeció de ellos y los subió al cielo como constelaciones: las de la Osa Mayor y la Osa Menor, confiriéndoles simultáneamente una forma de inmortalidad y permitiendo que permaneciesen muy próximos en el espacio.









Este incidente le replantea a la diosa, adolescente perpetua, su propio origen. La divina cazadora (gracias a la ayuda de Poseidón y Eolo, quienes la ocultaron de la malvada espesa del Supremo), nació en la isla de Delos como resultado de una violación.

Fue en ese preciso momento en que comenzaron sus hazañas. Dado que Ilitía (la diosa encargada de facilitar los partos) tenía prohibido por su ofuscada madre (Hera) ayudar en éste., la pequeña recién nacida ofició de partera en el alumbramiento de su hermano mellizo: Apolo.


Ilitia


Otro gran mérito suyo fue soportar los castigos de Hera, su pérfida madrastra. Se cuenta que cuando ella (la maltratadora) la golpeaba, la pequeña buscaba consuelo en los brazos de su padre (Zeus) que la conformaba.

También se dice algo del pedido que a él la niñita divina, con sólo tres años, le hizo para que diese cumplimiento a sus deseos. El primero fue el de permitir que permaneciese virgen, En esto se igualó a Palas (Atenea Partenós) su hermana aunque a medias, pues tenían madres diferentes.

Su segunda aspiración: tener muchos nombres, también fue satisfecha, ya que se la conoció mucho más aún no sólo por el de origen, sino por el que le dieron y divulgaron los romanos: Diana y además como Hécate, Cariatis, Caria, Cintia, Delia, Selene y Febe (como femenino de Febo, por su hermano Apolo).

Es por eso que expresó su tercera pretensión: ser la dadora de luz (Faesporia).

Su cuarta apetencia estaba referida a sus atributos: el arco y las flechas de oro y plata. Estos objetos los consiguió en la volcánica isla de Lípari, donde Hefaistos (Vulcano) trabajaba en las artes del fuego con los cíclopes.

Mientras las Oceánides temían a los mitológicos herreros, principalmente por su intimidante aspecto, Artemisa valientemente solicitó y obtuvo de su medio hermano (el hijo de Hera y Zeus) las armas que quería. Las mismas que se constituyeron en su símbolo, junto con el perro, el ciervo y la luna. También reclamó una túnica hasta las rodillas, para que no le entorpeciera en las maniobras de caza. Esta vestimenta funcionó como un verdadero uniforme.


Las Oceánides - Gustave Doré




En su quinta ocurrencia  reclamó la entrega de sesenta de las hijas de Océano (todas ellas de nueve años) para integrar su coro.

Su avidez terminaba con el sexto requerimiento: sesenta ninfas amnisíades como doncellas para que cuidaran de sus animales (sus perros: siete hembras y seis machos,  e igual cantidad de ciervos de cornamenta dorada, que ella misma capturara para que tirasen de su carro) y que velaran sus armas (redes, arco y flechas) mientras la diosa durmiese. A las acompañantes y servidoras, vírgenes (como ella) les exigía castidad.

Conseguido todo lo solicitado, comenzó a practicar arquería para mejorar su puntería, disparando sus flechas primero a blancos fijos: los árboles de los bosques y luego a los móviles: las bestias salvajes que los poblaban.

Finalmente, pese a que otras deidades señoreaban sobre distintos ámbitos, señalados por los cuatro elementos (agua, aire, fuego y tierra) en diferentes lugares del cielo, el río, el mar, la tierra y hasta el submundo de las sombras, ella no solicitó se le dedicase ciudad alguna. Apolo, su mellizo, tenía Delos y Palas, a Atenas. Pero la joven cazadora sólo quiso gobernar sobre los montes.

Fuera de esto, sólo demandó ayudar a las mujeres para aliviar los dolores del parto, como cuando debió asistir a su propia madre, tan hábil y precozmente, en el nacimiento de Apolo. Basó su petición en la creencia de haber sido entonces elegida como comadrona por las Moiras (Parcas) que entretejieron así su destino.



Las parcas - Tapiz mille fleur - siglo XVI


Incontables hazañas (por ser muy numerosas no por lo inenarrables) realizó a partir de aquí. Pero, como no son inefables, pues todo puede ser dicho, tanto lo verdadero como lo falso, es así que para la narración de estos hechos mejor será esperar a otro momento que con justicia dé buena cuenta de ellos. 





domingo, 28 de diciembre de 2014

El arte de la esquina


Boletín Mensual N° 89 - Año VIII

Diciembre de 2014

























Toma de Granada



SUMARIO


Apuntes para Una Estética del Impresionismo (parte XIV)
La Sultana





Apuntes para Una Estética del Impresionismo (parte XIV)
Texto: Lic. Alicia Grela Vázquez
Imagen: Prof. Elsa Sposaro


La Plástica domina la escena del movimiento Impresionista. Sin embargo, en su obra célebre: “Música en los Jardines de las Tullerías” Manet muestra juntos a representantes de las Artes Visuales y las del tiempo.























Música en los jardines de las Tullerías - Manet


En la pintura es posible reconocer a escritores (periodistas y poetas), críticos de arte, inspectores de museos, cantantes, músicos y compositores. Entre estos últimos hay autores como Offenbach, conocido como el creador de Música incidental muy exitosa, como “Orfeo en los Infiernos”, “La Bella Helena” y “La Vida Parisina”.


El Impresionismo musical está representado principalmente por creadores franceses y, entre ellos, se destaca muy particularmente Maurice Ravel, quien comparte con Claude Debussy el reconocimiento público y el liderazgo.




Bolero. Alborada del gracioso y otros - Ravel




Debussy


Ambos compositores, (pero quizás especialmente el segundo de ellos) sirven de inspiración a Frederik Delius, el mayor y mejor representante del Impresionismo musical en las Islas Británicas.






Las composiciones de Delius tienen, no obstante, una solución diferente, según su propia ecuación personal. En todas ellas deja su impronta identificatoria. Su talento se diversifica en óperas, como “A village Romeo & Juliet”, “Fennimore and Gerda”; poemas sinfónicos (“On hearing the first cuckoo in spring”) y obras corales (“Appalachia” y “A mass of life”).

El movimiento Impresionista, dominante en la Pintura, logra ubicarse destacadamente en Europa y de allí se extiende, luego de consagrarse, rápida y exitosamente, al resto del mundo, pero también a otras actividades artísticas.

Así es que la Literatura también se hace cargo de la propuesta. El poeta Charles Baudelaire también le dedica un poema a “La Música” en “Las Fuerzas del Mal”.



"¡Hay veces que la Música me absorbe como un mar!
Hacia mi alta estela,
bajo un techo de bruma o en un éter sin par,
me doy a la vela;

saliente el pecho y con los pulmones hinchados
como se hincha una tela,
asciendo por el lomo de oleajes apretados
que la noche me cela;

y me siento vibrar con todas las pasiones
de un bajel combatido;
el buen viento, la tempestad y sus convulsiones

me acunan sobre el piélago henchido.
Calma chicha otras veces, su gran espejo da en visión
mi desesperación."




La Sultana
Texto: Lic. Alicia Grela Vázquez
Imagen: Prof. Elsa Sposaro


La magia es parte de la estructura mental humana. Ella explica poéticamente lo que la razón no puede. Es por eso que perdura y parece no estar afectada por el paso del tiempo, que no la disminuye en modo alguno. Este exitoso y eficaz mecanismo es universal.

Ese es el motivo por el que se repite, con variantes, en distintos pueblos. Tal es el caso de las leyendas, los cuentos y los mitos. Distintas historias reiteran acontecimientos y personajes, con el sólo cambio que el medio geográfico impone.

Así se cuenta que en la peligrosa Costa da Morte gallega, de tan mala y merecida fama (por las muchas vidas arrebatadas) hay una cueva que sirve de refugio a una bellísima mujer, de la que se dice que es una sultana.



Costa da Morte


Sabido es que la expansión árabe prefirió el sur de la península ibérica, pero el siempre lluvioso y permanentemente húmedo norte, también la conoció.

Los pobladores gallegos (enriquecidos por la fantasía politeísta celta y greco-romana, que la imposición del cristianismo no mermó) vieron en los mahometanos a seres cargados de poderes mágicos, integrantes de una muy atrayente tribu.




























La sultana amarilla - León Bakst


Sobre este sustrato se construyó la creencia de la aparición de la  Mora maravillosa. Se cuenta que la hermosa cabellera de la bellísima señora era peinada diariamente, con un peine de oro, por una mujer (cuyo nombre se ha perdido).

No obstante, la tradición rescata a la peinadora, confiriéndole una reputación de meiga (maga o bruja) cuyo trabajo era tan perfecto que se hacía merecedora de las pepitas de oro que recibía como buena paga por la excelencia de sus servicios cosméticos.


El ascenso y descenso de las aguas, según el ritmo de las mareas, tan pronto esconden como muestran la caverna en que se oculta la distinguida dama. Este acompasado flujo contribuye a conservar y constantemente incrementar el misterio.






Con la dramática expulsión de los semitas: musulmanes y judíos, los Reyes Católicos lograron la unificación geopolítica de España y sus reinos a fines del siglo XV.

Pero también consiguieron eliminar a las otras dos religiones monoteístas. Los que no quisieron “convertirse” debieron asimilarse, adaptarse, emigrar o esconderse de la mirada inquisidora de quienes pudieran perseguirlos.



Reyes Católicos



Quizás éste haya sido el origen de esta leyenda que puede oírse en otras localidades de distintas regiones en otras comunidades.


 En 1492 (el de la Toma de Granada y la llegada de Colón a América) se impone como único idioma el castellano, considerado excluyentemente: español, normatizado por la Gramática de Nebrija.





Tal vez de lo malo (de aquel dolor) nace lo bueno. Y puede que de allí nos llegue como valiosísimo legado tradicional, un conjunto proteico imponderable que supere las limitaciones históricas que hacían antagonistas de las que sólo eran culturas diferentes.