domingo, 14 de marzo de 2010

Boletín  "El arte de la esquina"

Nº 32 - Año III
Marzo de 2010


Paisaje - Munch
 
SUMARIO


La Estética del Barroco (octava parte)

Inda Ledesma

Edvard Munch


El uso del color en la obra de Munch




La Estética del Barroco (octava parte)
Lic. Alicia Grela Vázquez

La Estética barroca es la expresión de una particular cosmovisión. un buen ejemplo de ello lo da España. La ruina económica y el desaliento se suman al deterioro del poder político de los Reyes en beneficio de sus favoritos, mientras sigue vigente la Inquisición. El territorio imperial comienza a perderse y con esto crece el afán de gloria.

Los géneros literarios: lírico, narrativo y dramático toman formas definidas y maduran con los grandes autores del Siglo de Oro. En la Poesía se manifiesta la oposición entre el culteranismo (formal) con "Las Soledades" de Góngora y el conceptismo (intelectual) con "El amor constante más allá de la muerte" de Quevedo.










El fervor religioso que hace a Ignacio de Loyola crear la Compañía de Jesús, como iglesia militante, lleva a Teresa de Ávila a "Las Fundaciones" y a escribir  "Las Moradas" en un estilo espontáneo e ingenuo.



                                       
                                                                      Ignacio de Loyola



                                       



                                               


La mística encuentra variadas expresiones en el "Cántico espiritual" de San Juan de la Cruz y en "Los Nombres de Cristo" de Fray Luis de León.


             
              San Juan de la Cruz



                                                    


Miguel de Cervantes logra con "El Quijote" elaborar la primera novela moderna en español. Sus personajes son  individuos y no arquetipos. Y así como en los anteriores géneros el Barroco alcanza la cumbre con autores destacadísimos y piezas asombrosamente acabadas.


                                     

 Lope de Vega en "Fuente Ovejuna" logra con versos de métrica distinta hacer una obra nacional y universal, para expresar las contradicciones entre el poder feudal de los señores y el real de los monarcas; los intereses de los habitantes de las ciudades y de los campesinos; las torturas y los abusos, los privilegios y los derechos.



                                             





Lope de Vega (1562-1635) La Dama Boba. Es uno de los manuscritos, de las más de cuatrocientas comedias quese conservan salidas de su pluma. Lope de Vega firma el manuscrito en Madrid el 28 de abril de 1613, y a partir deese momento se inicia una nueva fase del manuscrito.


Calderón de la Barca  combina heptasílabos, endecasílabos y octosílabos en rima consonante en "La vida es sueño". Hace suya una concepción barroca en la estructura dramática, los personajes y el tratamiento de los temas, especialmente el de la libertad, que es central en la Filosofía de la Modernidad.


                                   






Ésta es una época de mucha complejidad tanto enEuropa  como en América . En España Tirso presenta "El burlador de Sevilla".


Tirso de Molina


El burlador de Sevilla


Don Juan


En ultramar Sor Juana Inés de la Cruz escribe teatro, poesía y relatos que no le impiden considerarse "La peor de todas".






La épica tiene un representante en Martín del Barco Centenera, autor de "La Argentina".


Centenera



Ilustración de la Argentina


El Nuevo Mundo irrumpe en el Viejo con su flora, su fauna, su geografía y sus grupos étnicos. Esto provoca cambios fundamentales en ambos lados del Atlántico. Europa ve consolidarse los Estados Nacionales y el surgimiento de los centros coloniales. América sufre la conquista y comienza a mezclarse en sus creencias, culturas y pueblos. La espada y la cruz dominan. Los segundones de hidalgos realizan sus sueños más ambiciosos al amparo de la expansión  del siglo. Es el momento de la mayor exuberancia, lujo y decadencia y corresponde al Barroco.



Un adiós a la genial Inda Ledesma
Oscar Portela




Nada por aquí. Nada por allá. Murió Inda Ledesma. ¿Y quién era preguntarán los más jóvenes?

Y los que acostumbrados al “rating”, los que reverencian el éxito de "Avatar", los que todo lo saben acerca de los nuevos directores de cine que para presentarse ostentan “tarjetas” en las cuales se dice... Inda fue de todos los personajes del gran arte cinematográfico que conocí la más importante – junto a Maria Rosa Gallo – de las actrices-directoras del teatro argentino, y una de las actrices excepcionales de la escena múltiple – que merece morir en el desconocimiento de sus connacionales- en un tiempo de indigencia, en la que nada tiene importancia como no ser los comerciales del “reality-show”, mientras actrices de otros países, gozaron y gozan, hasta la ancianidad, de honores y hasta de tributos protagónicos, mientras a Inda jamás el periodismo amarillo la invitó, (Tiene la palabra) … para que explique cuál era el legado que deja hoy a una nación, pobre en ejemplos de excelencia, en todos los ámbitos de la vida social.

Basta con recordar los nombres con los que se codeó en el escenario: Shakespeare, Moliere, Miller, Euripides, Williams, Chejov, O´Neill, Brecht, su amado Pirandello, y tantos otros...

A su lado China Zorrilla resulta una figura de circulación, mientras Inda vivió y vive solo en las escenas de un espectáculo: yo llevo en la memoria la aparición suya, deslumbrante, en un filme raro como “Flop” de Eduardo Mignona (estoy convencido de que en nuestro país solo ella era capaz de hacerlo), como el de crear un personaje caro al mejor Fellini, y llevaré en mi memoria su puesta de “Lisistrata” en el Teatro “San Martín”, pero lloraré no haberla visto en su “Medea” de Euripides, y en su “MacBeth” del Cisne de Avon.




Inda podía hacer lo que quisiese pero era fundamentalmente una trágica.

Productora y directora dejó a la televisión argentina una de las experiencias más estremecedores de lo que debe ser una TV. formadora de Cultura: su dirección del “Israfel” de Abelardo Castillo, con una de las más perfectas actuaciones de Alcón a lo largo de su extraordinaria carrera.

No se reunirán multitudes para despedirla: los que la conocieron y trabajaron con ella callarán lo que fue y el periodismo estará ocupado en la vida de Ricardo Rokefort: esa es la argentina de la “Demokracia” que muchos alaban: Sea la Eternidad para Inda Ledesma, ejemplo de conducta humana, de genio y disciplina como actriz: esas virtudes que faltan en este triste país que hoy vivimos: ¿que ya vendrán tiempos mejores? Jean Moreau la comprendería, solo que Inda no filmo en los países en los que trabajó la enorme actriz francesa, que alguna vez seguramente se reunirá con su par argentina.

ÓSCAR PORTELA, nacido en la provincia de Corrientes (Argentina), es escritor y ensayista. Ha publicado, entre otros títulos, Senderos en el bosque; Los nuevos asilos; Memorial de Corrientes y La memoria de Láquesis.



Inda
Selección Elsa Sposaro





Inda Ledesma nació el 29 de marzo de 1926. Dio sus primeros pasos en el mundo del espectáculo en 1945. Formó parte del elenco de 'El Avaro de Moliere'. En 1964 se hizo cargo de la dirección artística del Teatro Argentino.
Filmó  más de 20 películas .

1. Ciudad invisible (medium length film - 2008)
2. Un amor de Borges (2000) Doña Leonor Acevedo de Borges
3. Quereme así (Piantao) (1997)
4. Años rebeldes (1996)
5. Hasta donde llegan tus ojos (1995)
6. Flop (1990)
7. Los días de junio (1985)
8. Seis pasajes al infierno (1976)
9. Allá donde muere el viento (unpublished - 1976)
10. Los orilleros (1975)
11. Los días que me diste (1975) Amalia
12. Voy a hablar de la esperanza (1964)
13. El perseguidor (1962)
14. Huis Clos (A puerta cerrada) (1962)
15. El último piso (1962)
16. Sección desaparecidos (1958) Amanda Merlino
17. Historia de una carta (1957)
18. Todo sea para bien (1957)
19. Mi hermano Esopo (Historia de un Mateo) (1952)
20. El hombre de las sorpresas (1949) Sra. Bullosi
21. Hoy cumple años mamá (1948)
22. Viaje sin regreso (1946)


Forjó una inolvidable pareja teatral con Ernesto Bianco, con quien compartió el éxito de 'Mi querido mentiroso'.  Ledesma también se puso tras la tablas para dirigir obras como 'Tres hermanas', 'De puerto en puerta' y 'El último padre'.
Entre sus obras más recordadas se encuentran 'La muerte de un viajante' de Arthur Miller y 'El zoo de cristal' de Tennesse Williams, por el cual ganó el premio María Guerrero en los dos rubros, dirección e interpretación. De su paso por la televisión, Ledesma se lució en ciclos como 'Alta Comedia', 'Situación Límite' y 'Cuentos para ver'.


Defensora de los derechos de los actores, Inda mereció dos diplomas al mérito del Premio Konex -en 1981 y 1991-y el premio María Guerrero.

Edvard Munch

Nace en Löten (Noruega) en 1863. Hijo de un médico, cirujano militar, la familia se traslada en 1864 a Cristianía (conocida como Oslo desde 1924). En 1880 abandona sus estudios de Ingeniería y decide ser pintor. Reside en Cristianía hasta 1889, cuando realiza su primer viaje a París (1889-91) al ganar una beca estatal. Después de varias estancias en París y Alemania, desde 1908 reside en Noruega. Muere en Ekely en 1944, a los 81 años de edad.




Munch y la enfermedad


Desde muy niño Munch sufre la experiencia de la enfermedad y la muerte.
En 1868, cuando sólo tiene 5 años, muere su madre de tuberculosis.
A los 14 años de edad (1877), muere de tuberculosis su hermana Sophie, de 15 años.


Su padre muere en 1889 mientras él está en París. Munch se siente muy afectado, al sufrir una probable reacción patológica de duelo, al no haber podido despedirse adecuadamente de su padre, con quien mantuvo siempre unas relaciones difíciles. Desde entonces presenta una gran preocupación por el mantenimiento económico de su familia.

Historial médico de Munch

Se conocen varios ingresos en sanatorios de Munch: Le Havre (1890), Suiza (1900), Bad Elgersburg (Turingia, 1905) o Copenhague (1909).


A lo largo de su vida, recibe diferentes diagnósticos.


1889 - Sufre una "grave enfermedad" que le obliga a internarse dos meses en Le Havre (Francia). Durante la convalecencia pinta La Primavera, repetición del tema de La niña enferma.
1891 - Se traslada dos meses a Niza "por enfermedad".
1904 - Consumo de alcohol a raíz de discrepancias con su mecenas, el Dr. Max Linde, de Lubeck.
1905 - En Bad Elgersburg (Turingia) trata de curarse de "neurastenia y alcoholismo".
1908 - "Colapso nervioso". Podemos considerar esta fecha como el punto que divide la obra de Munch en dos periodos.
1909 - Seis meses en un sanatorio de Copenhague (donde pinta La enfermera, cuadro conservado actualmente en Bergen).
1930 - Enfermedad de los ojos.

Frases de Munch sobre la enfermedad

"La enfermedad, la locura y la muerte son los ángeles negros que custodiaron mi cuna y me acompañaron durante toda la vida".

"Sin el miedo y la enfermedad mi vida sería como un bote sin remos".

"Me daba miedo mi propia sombra a la luz de la luna".

"Me hallaba al borde de la locura- no faltó mucho".


El uso del color en la obra de Munch
Selección y reelaboración de Prof. Elsa Sposaro
basada en el artículo de Edwin García Maldonado

El color en la pintura ha sido a lo largo de la historia un instrumento o un medio para representar y recrear la realidad, pero esta realidad puede ser la que el artista tiene ante sus ojos como también, una mucho mas subjetiva, emocional, sujeta a sus propios intereses. En tal sentido, el expresionismo entendido como la suprema necesidad de exteriorizar y plasmar en una obra plástica todo el cúmulo interno de sensaciones y visiones de un creador, es la corriente que toma espacio en la obra de Edvard Munch (1863- 1944) cuando éste alcanza una madurez y estilos particulares.

El color dentro del expresionismo de Munch pasa a jugar un papel fundamental para transmitir interpretaciones subjetivas, más allá de la mera representación del mundo externo; es por ello, que el color se convierte en el protagonista que comunica y se dirige directamente al espectador para hacerlo sobrecoger a través de las pinceladas vigorosas que plasmaron colores mayormente puros y yuxtapuestos, altos contrastes llenos de dinamismo y perturbación. No obstante, el color que presentan las obras de Munch no es monótono, continuo, perenne; por el contrario, fue transformándose al pasar del tiempo en función de los múltiples y variantes estados de ánimo del artista, responsables de los mensajes de angustia, soledad, desesperanza, miedo, expectación y demás emociones que lo invadían constantemente.

En este orden de ideas, se aprecia en las primeras obras expresionistas del pintor una paleta dominada por los tonos ocres, azules y verdes que reflejan parte del dolor y angustias que Munch experimentaba debido especialmente a la pérdida de su querida hermana Sophie, hecho que ineludiblemente marcó su vida para ensombrecerla aún mas dentro de la sensación de soledad en incomprensión que lo rodeaba. De este periodo es La Niña Enferma, obra con la que el artista comienza a evidenciar una paleta y estilo propios, sujetos a las necesidades de su mundo interno, escapando de las limitaciones y convencionalismos que el realismo había dejado en su obra precedente. Para ahondar en dicha obra es preciso hablar de un plano del contenido y un plano de la expresión basado en el análisis lingüístico de Hjelmslev “toda lengua se presenta inmediatamente como un sistema de signos, es decir, como un sistema de unidades de expresión a las cuales está unido un contenido”. (Hjelmslev, L. 1966)


La niña enferma - Munch

La forma que delimita a la muerte como tema es la configuración de los elementos presentes en la pintura; así, la niña con su pose lánguida, vestida con tonos verdosos y azules que agudizan la sensación de abatimiento de la victima, cuya cabeza reposa sobre un almohadón blanco para reflejar probablemente la inocencia y pureza de la convaleciente; la señora vigilante de las últimas horas de vida de aquella (¿acaso un recuerdo también de su madre muerta?) ataviada igualmente con tonos fríos, opacos. Esta escena pone de manifiesto la precariedad e impotencia ante el preludio de la muerte, la batalla de emociones que se baten dentro del alma del artista al ser testigo del fallecimiento de su madre y hermana sin que él pudiera evitarlo, al igual que la señora que cuida de la niña en esta obra. “En su primera obra maestra ( La Niña Enferma), Munch rememora, nueve años más tarde, la muerte de su hermana Sophie, cuando el artista tenía trece años”. (García, M. 2007)

Dentro del plano de contenido, la muerte es la temática escogida para ser representada, por lo tanto, ésta se traduce como la sustancia de la cual parte el artista; la pequeña niña que aparece en este cuadro, presenta un estado paupérrimo de salud, es una moribunda que se prepara para dejar el mundo terrenal sin esperanzas ni reproches; por tal motivo, los ocres y verdes fríos ocupan la mayor parte del lienzo. El autor recrea a través de esta imagen la ausencia de su hermana, traspolándose el sentimiento de pérdida de manera indirecta; es muy probable que Munch evitara afrontar conscientemente el recuerdo del fallecimiento y ausencia, recurriendo entonces a la sublimación como medio de escape, el breve olvido del sufrimiento continuo del que padecía su espíritu acongojado.

Adentrándose en el plano de la expresión, encontramos definida la sustancia por medio de los colores predominantemente fríos que Munch eligió para la niña enferma: ocres, azules, verdes y algunos rojos dominan la composición. Las pinceladas gruesas, rápidas y fuertes aplicadas con óleo, dejan entrever la pasión con la que el autor se entregó al proceso creativo al presentar una textura bastante irregular, tosca que no oculta los trazos del pincel. Grandes áreas de color invaden el espacio formato, los ocres se apoderan del campo visual, provocando una homogeneidad cromática y emocional para plasmar tristeza y resignación, rota con la tímida incursión de rojos y del blanco que contrastan ampliamente con las figuras humanas presentes (opacas) agudizando de esta forma, el desasosiego que embarga la composición.

La forma bajo el plano de la expresión se manifiesta por medio de la yuxtaposición de los colores entre sí, los contrastes altos predominantes entre las pequeñas pero brillantes zonas claras con las amplias zonas oscuras, la composición vertical que alarga y dirige la mirada del espectador hacia arriba y hacia abajo (entre el rostro de la niña y el vaso puesto sobre una mesita al pie de la cama, dinamizando la escena, el lienzo que funciona como soporte y los óleos cuya pastosidad enriquece de igual manera la obra en función de la textura.

Con el transcurrir de los años, Munch sigue siendo victima de múltiples estados de ánimo agobiantes, debido a las continuas pérdidas, fracasos, decepciones, desilusiones y soledad que lo embargan; en concordancia con este oscuro panorama subjetivo, las posteriores obras del artista mantienen una linealidad temática, mas no cromática; entran a la escena colores mas brillantes, puros, luminosos que gritan con fuerza toda la tragedia del alma del pintor y del hombre en general, tal como lo dejan ver obras como El Grito y La Danza de la Vida entre muchas otras.




 Su famosa pieza El Grito es muestra del uso arbitrario del color para doblegarse a la voluntad; Desde el punto de vista del plano del contenido, la sustancia se configura a través de los poderosos sentimientos de angustia, incertidumbre y soledad del hombre moderno, cuya vida de ciudad no lo protege contra los avatares del alma. La figura central plasmada en colores puros y altamente contrastantes de amarillos, naranjas, verdes y azules para trasmitir la sensación de angustia y abatimiento, se convierte en icono del hombre como especie, un sujeto asexual o mejor: andrógino, inmerso e indefenso en la paradójica soledad entre la multitud, la insignificancia en medio de la fuerza de la naturaleza, recreada con tonos dramáticos de tonos cálidos en contraste con tonos fríos, al mismo tiempo que se plantea el ensimismamiento del hombre dentro de su materialismo banal y costumbres sociales que coartan la sensibilidad, plasmados en colores ocres y negro para evidenciar la carencia u ocultamiento de las emociones.



La forma dentro del contenido se presenta en la contraposición de sentimientos distintos dentro de un mismo ser y en un mismo momento; la figura central que lanza un alarido esta trasmitiendo diversos mensajes al espectador, quien es llamado desesperadamente a entrar en la obra y convertirse en el elemento de empatía que contextualice al personaje de manera acrónica y espacial, otorgándole la significación requerida, cuando Munch se siente presa del miedo al ver con asombro las “lenguas de fuego” que tenía el cielo y el azul inmenso y devorador del mar, equivalente a la tristeza, soledad. Éste se opone a las figuras lejanas e indiferentes que representan la impavidez del hombre contemporáneo ante su propio mundo interno y a la naturaleza.



Pasando al plano de la expresión, el color como sustancia se transforma en una bestia salvaje, libre de ataduras formales y es por ello que se observa la conjunción de muchos tono brillantes y puros dentro de un mismo elemento: la figura andrógina del centro se contorsiona en medio de rojos, azules, amarillos y naranjas en un cuerpo distorsionado también en su forma; el personaje es reforzado a nivel cromático con la inclusión de trazos manuales con ceras o creyones de diversos colores, enfatizando profundamente la tormenta emocional que lo embarga. El cielo es de un rojo furioso, casi diabólico, acompañado de naranjas y verdes que aterroriza al protagonista e inclusive al espectador, chocando con el frío de los azules puros del agua, cuyos valores son igualmente drásticos; el puente se configura por medio de marrones, amarillos y rojos puros que hacen resaltar los contornos negros de las dos figuras del fondo.



En relación a la forma en el contenido, ésta se organiza en función de la riqueza cromática y el impacto visual que la obra provoca en el espectador debido a lo tosco del trazo, lo puro de los colores, lo brillante de los contrastes y la agresividad de los rayones casi autónomos que se superponen a los colores del fondo. La composición se hace vibrante al incluir dentro de la misma a las líneas diagonales del puente, las cuales atraviesan gran parte del cuadro y le brindan movimiento. La pincelada ondulada con la que se construyó el cielo, la figura humanoide y los demás elementos visuales otorgan igualmente movimiento a las formas y entran en conflicto con las rectas del mencionado puente; todo enmarcado en un formato vertical de óleo y pasteles sobre lienzo.



Llegados los últimos años de vida de Munch pareciera que la vida fue un poco más complaciente y condescendiente con su existencia o quizás sólo estaba habituado al sufrimiento continuo por lo que aparentemente su obra refleja a nivel cromático una paleta más “dócil” suave y análoga, compuesta mayormente de valores azules y verdes cuya sensación sigue, pese a todo, trasmitiendo una profunda melancolía. Correspondiente a este periodo se encuentra Entre el reloj y la cama, un autorretrato pintado en las posteridades de su vida en su finca a las afueras de la ciudad.



El plano del contenido de esta obra nos habla nuevamente de la soledad aunada a la indiferencia y el aislamiento como sustancia. La obra obedece al igual que sus primeros trabajos a la introspección constante del artista entre sus conflictos internos. No obstante, dichos sentimientos son experimentados por muchas personas en cualquier parte del mundo, por lo que a pesar de ser un autorretrato, la pintura no deja de hablar por la condición humana a nivel emotivo; para ello Munch se vale de colores predominantemente fríos y planos que traducen una simplicidad y sencillez cargada de ensimismamiento y nostalgia.



Como forma se concibe a la reflexión, la introspección, la lejanía y la indiferencia como hilos conductores del trabajo y de la vida del autor, que al igual que muchas personas, experimentó un largo proceso de auto conocimiento que lo condujo a vivir o resignarse a vivir en completa ausencia de compañía.



Pasando al plano de la expresión, la sustancia se traduce en los colores igualmente puros de tonalidades opacas y aplicados de forma algo plana que asoman en el espectador la presencia de sentimientos turbios pero aparentemente dominados, expresados entonces en una paleta de azules, blanco y verdes con algunas incursiones en amarrillos y tímidos rojos que hablan de un conformismo y egoísmo al convertir sus composiciones en autorretratos profundamente autobiográficos. Las pinceladas rápidas reflejan la confianza y seguridad adquirida tras una vida de avatares continuos, cuyos contrastes son menores que las obras de épocas anteriores.



La forma en la expresión concuerda con la rapidez en la pincelada, el trazo tosco, cargado de pintura que produce una rica textura, la simplicidad pero maestría en le dibujo, al igual que la selección de los colores mas discretos, austeros que predominan en dicha obra, desembocando en una analogía de fríos. El formato vuelve a ser una vez más de tipo vertical para otorgar mayor dinamismo y elegancia a la composición, en óleo sobre lienzo.


 Melancolía - Munch

 A finales del siglo XIX, la pintura europea comienza a abandonar las corrientes Impresionistas y Naturalistas, en favor de tendencias como el Sintetismo, el Neo-Romanticismo o el Simbolismo. Como todos los pintores, Munch atraviesa distintos periodos en los que pinta influido por otros pintores (su maestro Krohg, el impresionismo de Bonnat en su estancia en París, los retratos de Manet, los grabados japoneses, los pintores del grupo "bohemio" del café Zum schwarzen Ferkel de Berlín), para definitivamente ser considerado como uno de los máximos representantes del Simbolismo.


En su pintura se pueden distinguir varios temas repetitivos como la enfermedad, la muerte, la soledad, la melancolía, la ansiedad, la locura o la desconfianza y el conflicto entre los dos sexos. Sin embargo, puede decirse que son dos los temas fundamentales: la enfermedad y la denuncia de la falsa moral de la sociedad burguesa de su tiempo. Al igual que el teatro de Ibsen, las novelas de Hans Jaeguer o los cuadros de Krohg y otros pintores, Munch pertenece a "los bohemios", como son conocidos los críticos de la hipocresía y la falsa moral de la sociedad burguesa, aquellos que critican los valores recibidos.
Atardecer en el paseo - Munch




                                                               Niezstche - Munch


jueves, 25 de febrero de 2010

Boletín "El arte de la esquina"
Boletín Nº 31 - Año III
Febrero de 2010



Clavecín


SUMARIO

La Estética del Barroco (Séptima Parte)

Milton

Franz Kafka



La Estética del Barroco (Séptima Parte)
Lic. Alicia Grela Vázquez

El Barroco se transforma en el núcleo de la Música Clásica. Ésta se desarrolla por el creciente poder de los grupos más  acomodados. El centro de gravedad se sitúa en Alemania, con las obras de Händel y Bach.


El primero triunfa rápidamente en Italia con su ópera "Agripina"  y luego en Inglaterra con arreglos del "Te Deum", "El Mesías" y composiciones para clavincémbalo y órgano.



Georg Friedrich Händel




Clavicémbalo






Bach es menos afortunado y famoso. pero dado que la iglesia Luterana reclama piezas corales como motetes y cantatas que los alemanes transforman en himnos, este compositor tiene cabida creando música para órgano conocida como "preludio coral".


                   
J. S. Bach




Este autor realiza también fugas y piezas orquestales como los "Conciertos de Brandeburgo" y partituras para violín y piano. Como compositor sólo es revalorizado después de un siglo.

Al finalizar el período barroco François Couperin crea piezas para clavecín consideradas como antecedentes de la Música de programa.
 

 


Clavecín

La técnica instrumental se desarrolla y se consolida una nueva forma instrumental: la Sinfonía. Ésta surge como una sonatapara orquesta, pero prontologra su entidad. Difiere del concierto en que está integrada por cuatro partes y no tiene un instrumento solista. Toda la orquesta está en pie de igualdad.
En la Sinfonía y la Sonata se destaca la actuación creativa de Hydn y Mozart. El primero, contratado por el príncipe Esterhazi puede dedicarse plenamente al Arte, pero esto limita su libertad. Está obligado a producir música de concierto para diferentes ocasiones.


F. J. Hydn


Conserva pese a su vida en la Corte el recuerdo y el respeto por sus orígenes y la música popular de su país. Su valoración de la naturaleza se refleja en los oratorios "La Creación" y "Las estaciones". Aunque no es el creador de la sinfonía (mérito de sus predecesores) la impregna con su genio.





Wolfgang Amadeus Mozart como niño prodigio viaja por Europa. Así conoce distintos estilos que luego, en la madurez, combina. Con sus improvisaciones en el clavecín asombra a su público. Su temprano éxito le gana enemigos y le impide alcanzar puestos adecuados a su enorme talento. Así es que, joven aún, muere en la pobreza. Consigue elevar de rango la Ópera bufa con "Las bodas de Fígaro" y "Così  fan tutte" que contienen el fervor revolucionario de su época.


W. A. Mozart


 



El apogeo de la música clásica es el momento de sus sinfonías y  con los quintetos para clarinete y cuerdas son un hito en la historia del Arte. Su ópera "La flauta mágica" combina diferentes elementos con lo folklórico de los cuentos de hadas.

Mozart se aparta de los cánones tradicionales de la época y aunque pragmáticamente no, artísticamente triunfa. El Barroco y la música clásica se sintetizan en su nombre: Amadeus.

En Música es posible sostener con Henri Focillon que todos los estilos atraviesan tres fases sucesivamente. Surgen con fuerza de un incierto período de esbozo arcaico. Luego alcanzan su plenitud y equilibrio para finalmente superarse en exuberancia y fantasía.  Eso es así en el Barroco y fuera de él.



Milton

Poeta y ensayista inglés, autor de una obra rica y densa, que ha ejercido una influencia indiscutible en poetas posteriores. Milton dedicó su prosa a la defensa de las libertades civiles y religiosas y es para muchos el más grande poeta inglés después de Shakespeare. Milton nació en Londres, el 9 de diciembre de 1608. Estudió en el St Paul's School y el Christ's College, en la Universidad de Cambridge. En un principio quiso ser sacerdote, pero sus crecientes discrepancias con la cúpula del clero anglicano, unidas al despertar de sus intereses poéticos, le llevaron a abandonar este propósito. De 1632 a 1638 vivió en la casa de campo de su padre, en Horton (Buckinghamshire), y allí comenzó a preparar su carrera poética a través de un ambicioso programa de lecturas de los clásicos griegos y romanos, además de historia política y eclesiástica. De 1638 a 1639 viajó por Francia e Italia, donde conoció a las principales figuras literarias de la época. De regreso a Inglaterra se estableció en Londres y comenzó a escribir una serie de tratados sociales, religiosos y políticos. En 1642, se casó con Mary Powell, quien lo abandonó semanas más tarde por su incompatibilidad de caracteres, pero se reconcilió con él en 1645. Mary Powell murió en 1652. Milton defendió en sus escritos la causa parlamentaria durante la guerra civil entre parlamentarios y leales a la Corona, y en 1649 fue nombrado secretario de Asuntos Exteriores por el gobierno de la Commonwealth. Alrededor de 1652 quedó totalmente ciego y tuvo que realizar su trabajo literario con la ayuda de un secretario. Gracias a la colaboración del poeta Andrew Marvell, pudo continuar con sus responsabilidades políticas hasta la restauración de Carlos II, en 1660. En 1656 se casó por segunda vez, pero su esposa murió dos años más tarde, al dar a luz una hija que sólo vivió unos meses. Con la llegada de la restauración Milton fue condenado a prisión, durante un breve periodo de tiempo, por haber prestado su apoyo al Parlamento. En 1663, se casó por tercera vez y vivió recluido hasta su muerte, el 8 de noviembre de 1674. En las memorias escritas por algunos de sus contemporáneos se define la personalidad de Milton como una singular combinación de gracia y dulzura, de fuerza y severidad, capaz de llegar en ocasiones hasta la violencia. En algunos de sus propios escritos, Milton revela su arrogancia y amargura. Aunque aislado y atormentado por la ceguera, logró culminar sus objetivos y desarrollar las tareas que se había impuesto, iluminando la oscuridad de sus días con la música y la conversación.



La obra de John Milton está marcada por su elevado idealismo religioso y su interés por los temas cósmicos. En ella revela un gran conocimiento de los clásicos latinos, griegos y hebreos. Su verso libre es rico y variado, y está modulado con tal maestría que se ha llegado a comparar con los tonos de un órgano. Su trayectoria como escritor puede dividirse en tres periodos. El primero, que abarca de 1625 a 1640, corresponde a sus primeras obras, y en él se incluyen los poemas escritos durante sus años de estudiante en Cambridge: la oda La mañana del nacimiento de Cristo (1629), el soneto Sobre Shakespeare (1630), L'Allegro y Il Penseroso (ambos probablemente de 1631), Tiempo (1632), Una música solemne (1633), las mascaradas Arcades (1634) y Comus (1634), y la elegía Lycidas (1637), que aborda el temor a la muerte prematura y la ambición insatisfecha. Se aprecia en estas obras un creciente dominio de la estrofa y la estructura, y en ellas aparecen ya imágenes y nombres propios que figurarán también en escritos posteriores.


Su segundo periodo, de 1640 a 1660, estuvo dedicado principalmente a la redacción de ensayos que lo convirtieron en el más hábil polemista de su época.


En sus primeros ensayos, Milton atacaba a los obispos y defendía la necesidad de difundir el espíritu de la reforma inglesa. El primero de los ensayos publicados de este segundo periodo fue Reformas de la disciplina de la Iglesia en Inglaterra (1641); mientras que el más exhaustivo y elaborado, en lo que a su argumentación se refiere, fue La razón del gobierno de la Iglesia (1641-1642), que incluye además una importante disgresión en la que Milton habla de su primera infancia, su educación y sus ambiciones. (Este tipo de reflexiones autobiográficas salpican toda su obra en prosa). La segunda fase de su preocupación por los problemas políticos y sociales produjo, entre otras obras, la Doctrina y disciplina del divorcio (1643), donde el autor afirma que como el matrimonio se basa en una afinidad intelectual, además de física, debe concederse el divorcio por incompatibilidad de caracteres; y la más famosa de sus obras en prosa, Areopagitica (1644), una encendida defensa de la libertad de expresión. En su obra Sobre la educación (1644) Milton aboga por un sistema que combine la instrucción clásica, destinada a preparar al estudiante para servir al gobierno de su país, con la formación religiosa. El tercer grupo de ensayos incluye sus escritos para justificar la ejecución de Carlos I. El primero de los comprendidos en este grupo, El ejercicio de la magistratura y el reinado (1649), aborda cuestiones institucionales e incide especialmente en los derechos del pueblo contra los tiranos. En su último grupo de ensayos, entre los que destaca Tratado de poder civil en causas eclesiásticas (1659), ofrece ideas prácticas para reformar el gobierno y se muestra contrario a la existencia de un clero profesional, defendiendo la libertad individual para interpretar las Escrituras de acuerdo con la propia conciencia.


Durante sus años de ensayista y político Milton compuso parte de su gran poema épico, Paraíso perdido, además de 17 sonetos, entre los que figuran Sobre su ceguera (1655) y Sobre su esposa muerta (1658). El apogeo de su carrera poética llegó en el periodo comprendido entre 1660 y 1674, cuando completó Paraíso perdido (1667) y compuso además Paraíso recuperado (1671) y el drama poético Samson Agonistes (1671). El Paraíso perdido está considerada como la obra maestra de Milton, y uno de los grandes poemas de la literatura universal. En sus doce cantos narra la historia de la caída de Adán en un contexto de drama cósmico y profundas especulaciones. El objetivo del poeta era justificar el comportamiento de Dios hacia los hombres. El poema denota una imaginación desbordante y una abrumadora capacidad intelectual, y el estilo de Milton alcanza en él la máxima fuerza y exaltación. El Paraíso recuperado, que habla de la salvación humana a través de Cristo, es una obra más breve y menor, a pesar de su riqueza y su fuerza. En Samson Agonistes, una tragedia basada en el modelo griego y escrita en parte en verso blanco y en parte en verso coral sin rima y de longitud variable, Milton se basa en la leyenda de Sansón, incluida en el Antiguo Testamento, con el fin de proporcionar a los derrotados puritanos ingleses el valor necesario para triunfar a través del sacrificio.
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El paraíso perdido (fragmento)




" La potestad suprema le arrojó de cabeza, envuelto en llamas, desde la bóveda etérea, repugnante y ardiendo, cayó en el abismo sin fondo de la perdición, para permanecer allí cargado de cadenas de diamante, en el fuego que castiga; él, que había osado desafiar las armas del todopoderoso, permaneció tendido y revolcándose en el abismo ardiente, juntamente con su banda infernal, nueve veces el espacio de tiempo que miden el día y la noche entre los mortales, conservando, empero, su inmortalidad. Su sentencia, sin embargo, le tenía reservado mayor despecho, porque el doble pensamiento de la felicidad perdida y de un dolor perpetuo le atormentaba sin tregua. Pasea en torno suyo sus ojos funestos, en que se pintan la consternación y un inmenso dolor, juntamente con su arraigado orgullo y su odio inquebrantable. De una sola ojeada y atravesando con su mirada un espacio tan lejano como es dado a la penetración de los ángeles, vio aquel lugar triste, devastado y sombrío; aquel antro horrible y cercado, que ardía por todos lados como un gran horno. Aquellas llamas no despedían luz alguna; pero las tinieblas visibles servían tan sólo para descubrir cuadros de horror, regiones de pesares, oscuridad dolorosa, en donde la paz y el reposo no pueden habitar jamás, en donde no penetra ni aun la esperanza. "
El Poder de la Palabra
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Munkacsy - Milton dictando a sus hijas "El Paraíso perdido"



La condena

Franz Kafka

Era domingo por la mañana en lo más hermoso de la primavera. Georg Bendemann, un joven comerciante, estaba sentado en su habitación en el primer piso de una de las casas bajas y de construcción ligera que se extendían a lo largo del río en forma de hilera, y que sólo se distinguían entre sí por la altura y el color. Acababa de terminar una carta a un amigo de su juventud que se encontraba en el extranjero, la cerró con lentitud juguetona y miró luego por la ventana, con el codo apoyado sobre el escritorio, hacia el río, el puente y las colinas de la otra orilla con su color verde pálido.



Reflexionó sobre cómo este amigo, descontento de su éxito en su ciudad natal, había literalmente huido ya hacía años a Rusia. Ahora tenía un negocio en San Petersburgo, que al principio había marchado muy bien, pero que desde hacía tiempo parecía haberse estancado, tal como había lamentado el amigo en una de sus cada vez más infrecuentes visitas.


De este modo se mataba inútilmente trabajando en el extranjero, la extraña barba sólo tapaba con dificultad el rostro bien conocido desde los años de la niñez, rostro cuya piel amarillenta parecía manifestar una enfermedad en proceso de desarrollo. Según contaba, no tenía una auténtica relación con la colonia de sus compatriotas en aquel lugar y apenas relación social alguna con las familias naturales de allí y, en consecuencia, se hacía a la idea de una soltería definitiva.


¿Qué podía escribírsele a un hombre de este tipo, que, evidentemente, se había enclaustrado, de quien se podía tener lástima, pero a quien no se podía ayudar? ¿Se le debía quizá aconsejar que volviese a casa, que trasladase aquí su existencia, que reanudara todas sus antiguas relaciones amistosas, para lo cual no existía obstáculo, y que, por lo demás, confiase en la ayuda de los amigos? Pero esto no significaba otra cosa que decirle al mismo tiempo, con precaución, y por ello hiriéndolo aún más, que sus esfuerzos hasta ahora habían sido en vano, que debía, por fin, desistir de ellos, que tenía que regresar y aceptar que todos, con los ojos muy abiertos de asombro, lo mirasen como a alguien que ha vuelto para siempre; que sólo sus amigos entenderían y que él era como un niño viejo, que debía simplemente obedecer a los amigos que se habían quedado en casa y que habían tenido éxito.


¿E incluso entonces era seguro que tuviese sentido toda la amargura que había que causarle? Quizá ni siquiera se consiguiese traerlo a casa, él mismo decía que ya no entendía la situación en el país natal, y así permanecería, a pesar de todo, en su extranjero, amargado por los consejos y un poco más distanciado de los amigos. Pero si siguiera realmente el consejo y aquí se le humillase, naturalmente no con intención sino por la forma de actuar, no se encontraría a gusto entre sus amigos ni tampoco sin ellos, se avergonzaría y entonces no tendría de verdad ni hogar ni amigos. En estas circunstancias ¿no era mejor que se quedase en el extranjero tal como estaba? ¿Podría pensarse que en tales circunstancias saldría realmente adelante aquí?


Por estos motivos, y si se quería mantener la relación epistolar con él, no se le podían hacer verdaderas confidencias como se le harían sin temor al conocido más lejano. Hacía más de tres años que el amigo no había estado en su país natal y explicaba este hecho, apenas suficientemente, mediante la inseguridad de la situación política en Rusia, que, en consecuencia, no permitía la ausencia de un pequeño hombre de negocios mientras que cientos de miles de rusos viajaban tranquilamente por el mundo. Pero precisamente en el transcurso de estos tres años habían cambiado mucho las cosas para Georg. Sobre la muerte de su madre, ocurrida hacía dos años y desde la cual Georg vivía con su anciano padre en la misma casa, había tenido noticia el amigo, y en una carta había expresado su pésame con una sequedad que sólo podía tener su origen en el hecho de que la aflicción por semejante acontecimiento se hacía inimaginable en el extranjero. Ahora bien, desde entonces, Georg se había enfrentado al negocio, como a todo lo demás, con gran decisión. Quizá el padre, en la época en que todavía vivía la madre, lo había obstaculizado para llevar a cabo una auténtica actividad propia, por el hecho de que siempre quería hacer prevalecer su opinión en el negocio. Quizá desde la muerte de la madre, el padre, a pesar de que todavía trabajaba en el negocio, se había vuelto más retraído. Quizá desempeñaban un papel importante felices casualidades, lo cual era incluso muy probable; en todo caso, el negocio había progresado inesperadamente en estos dos años, había sido necesario duplicar el personal, las operaciones comerciales se habían quintuplicado, sin lugar a dudas tenían ante sí una mayor ampliación.


Pero el amigo no sabía nada de este cambio. Anteriormente, quizá por última vez en aquella carta de condolencia, había intentado convencer a Georg de que emigrase a Rusia y se había explayado sobre las perspectivas que se ofrecían precisamente en el ramo comercial de Georg. Las cifras eran mínimas con respecto a las proporciones que había alcanzado el negocio de Georg. Él no había querido contarle al amigo sus éxitos comerciales y si lo hubiese hecho ahora, con posterioridad, hubiese causado una impresión extraña.


Es así cómo Georg se había limitado a contarle a su amigo cosas sin importancia de las muchas que se acumulan desordenadamente en el recuerdo cuando se pone uno a pensar en un domingo tranquilo. No deseaba otra cosa que mantener intacta la imagen que, probablemente, se había hecho el amigo de su ciudad natal durante el largo período de tiempo, y con la cual se había conformado. Fue así como Georg, en tres cartas bastante distantes entre sí, informó a su amigo acerca del compromiso matrimonial de un señor cualquiera con una muchacha cualquiera, hasta que, finalmente, el amigo, totalmente en contra de la intención de Georg, comenzó a interesarse por este asunto.


Georg prefería contarle estas cosas antes que confesarle que era él mismo quien hacía un mes se había prometido con la señorita Frieda Brandenfeld, una joven de familia acomodada. Con frecuencia hablaba con su prometida de este amigo y de la especial relación epistolar que mantenía con él.


-Entonces no vendrá a nuestra boda -decía ella-, y yo tengo derecho a conocer a todos tus amigos.


-No quiero molestarlo -contestaba Georg-, entiéndeme, probablemente vendría, al menos así lo creo, pero se sentiría obligado y perjudicado, quizá me envidiaría y seguramente, apesadumbrado e incapaz de prescindir de esa pesadumbre, regresaría solo, solo ¿sabes lo que es eso?


-Bueno, ¿no puede enterarse de nuestra boda por otro camino?


-Sin duda no puedo evitarlo, pero es improbable dada su forma de vida.


-Si tienes esa clase de amigos, Georg, nunca debiste comprometerte.


-Sí, es culpa de ambos, pero incluso ahora no desearía que fuese de otra forma.


Y si ella, respirando precipitadamente entre sus besos, alegaba todavía:


-La verdad es que sí que me molesta.


Entonces era realmente cuando él consideraba inofensivo contarle todo al amigo.


-Así soy y así tiene que aceptarme -se decía-. No pienso convertirme en un hombre a su medida, hombre que quizá fuese más apropiado a su amistad de lo que yo lo soy.


Y, efectivamente, en la larga carta que había escrito este domingo por la mañana, informaba a su amigo del compromiso que se había celebrado, con las siguientes palabras: "Me he reservado la novedad más importante para el final. Me he prometido con la señorita Frieda Brandenfeld, una muchacha perteneciente a una familia acomodada que se estableció aquí mucho tiempo después de tu partida y a la que tú apenas conocerás. Ya habrá oportunidad de contarte más detalles acerca de mi prometida, baste hoy con decirte que soy muy feliz y que en nuestra mutua relación sólo ha cambiado el hecho de que tú, en lugar de tener en mí un amigo corriente, tendrás un amigo feliz. Además tendrás en mi prometida, que te manda saludos cordiales y que te escribirá próximamente, una amiga leal, lo que no deja de tener importancia para un soltero. Sé que muchas cosas te impiden hacernos una visita, pero ¿acaso no sería precisamente mi boda la mejor oportunidad de echar por la borda, al menos por una vez, todos los obstáculos? Pero, sea como sea, actúa sin tener en cuenta todo lo demás y según tu buen criterio".


Georg había permanecido mucho tiempo sentado en su escritorio con la carta en la mano y el rostro vuelto hacia la ventana. Con una sonrisa ausente había apenas contestado a un conocido que, desde la calle, lo había saludado al pasar.






Finalmente, se metió la carta en el bolsillo y, a través de un corto pasillo, se dirigió desde su habitación a la de su padre, en la que no había estado desde hacía meses. No existía, por lo demás, necesidad de ello, porque constantemente tenía contacto con él en el negocio; comían juntos en una casa de comidas, por la noche cada uno se tomaba lo que le apetecía pero después la mayoría de las veces se sentaban un ratito, cada uno con su periódico, en el cuarto de estar común, a no ser que Georg, como ocurría con mucha frecuencia, estuviese en compañía de amigos o, como ahora, fuese a ver a su novia.


Georg se extrañó de lo oscura que estaba la habitación del padre incluso en esta mañana soleada, tal era la sombra que proyectaba la alta pared que se elevaba al otro lado del estrecho patio. El padre estaba sentado ante la ventana, en un rincón adornado con recuerdos de la difunta madre, y leía el periódico, que sostenía de lado ante los ojos, con lo cual intentaba contrarrestar una cierta falta de visión. Sobre la mesa estaban aún los restos del desayuno, del que no parecía haber comido mucho.


-¡Ah Georg! -exclamó el padre, e inmediatamente se dirigió hacia él. Su pesada bata se abría al andar y los bajos revoloteaban a su alrededor.


"Mi padre sigue siendo un gigante", se dijo Georg.


-Esto está insoportablemente oscuro -dijo a continuación.


-Sí, sí que está oscuro -contestó el padre.


-¿También has cerrado la ventana?


-Lo prefiero así.






-Afuera hace bastante calor -dijo Georg como complemento a lo anterior, y se sentó.


El padre retiró la vajilla del desayuno y la colocó sobre una cómoda.


-La verdad es que sólo quería decirte -continuó Georg, que seguía los movimientos del anciano totalmente aturdido- que, por fin, he informado a San Petersburgo de mi compromiso.


Sacó un poco la carta del bolsillo y la dejó caer dentro de nuevo.


-¿Cómo que a San Petersburgo? -preguntó el padre.


-Sí, a mi amigo -dijo Georg, y buscó los ojos del padre.


"En el negocio es completamente distinto", pensó. "¡Cuánto sitio ocupa ahí sentado y cómo se cruza de brazos!"


-Sí, claro, a tu amigo -dijo el padre recalcándolo.


-Ya sabes, padre, que en un principio quería silenciar mi compromiso. Por consideración, por ningún otro motivo. Tú ya sabes que es una persona difícil. Puede enterarse de mi compromiso por otros cauces, me dije, y si bien esto apenas es probable dada su solitaria forma de vida, yo no puedo evitarlo, pero por mí mismo no debe enterarse.


-¿Y ahora has cambiado de opinión? -preguntó el padre.


Puso el periódico en el antepecho de la ventana y sobre el periódico las gafas que tapaba con las manos.


-Sí, ahora he cambiado de opinión. Si verdaderamente se trata de un buen amigo, me he dicho, entonces mi feliz compromiso es también para él motivo de alegría y por eso no he dudado más en comunicárselo. Sin embargo, antes de echar la carta quería decírtelo.


-Georg -dijo el padre, y estiró la boca sin dientes-, escucha por una vez. Has venido a mí por este asunto, para discutirlo conmigo. Esto te honra sin duda alguna, pero no sirve para nada, y menos aún que para nada, si no me dices ahora mismo toda la verdad. No quiero traer a colación cosas que nada tienen que ver con esto. Desde la muerte de nuestra querida madre han ocurrido ciertas cosas desagradables. Quizá también les llegue su turno, y quizá antes de lo que pensamos. En el negocio se me escapan algunas cosas, quizá no se me oculten, ahora no quiero en modo alguno alimentar la sospecha de que se me ocultan, ya no estoy lo suficientemente fuerte, me falla la memoria, ya no puedo abarcar tantas cosas. En primer lugar esto es ley de vida y, en segundo lugar, la muerte de tu madre me ha afligido mucho más que a ti. Pero ya que estamos tratando de este asunto de la carta, te pido, Georg, que no me engañes. Es una pequeñez, no merece la pena, así pues, no me engañes. ¿Tienes de verdad ese amigo en San Petersburgo?


Georg se levantó desconcertado.


-Dejemos en paz a mis amigos. Mil amigos no sustituyen a mi padre. ¿Sabes lo que creo?, que no te cuidas lo suficiente, pero los años exigen sus derechos. En el negocio eres indispensable para mí, bien lo sabes tú, pero si el negocio amenaza tu salud mañana mismo lo cierro para siempre. Esto no puede seguir así. Tenemos que adoptar otro modo de vida para ti, pero desde el principio. Estás sentado aquí en la oscuridad y en el cuarto de estar tendrías buena luz. Tomas un par de bocados del desayuno en lugar de comer como es debido. Estás sentado con las ventanas cerradas y el aire fresco te sentaría bien. ¡No, padre mío! Iré a buscar al médico y seguiremos sus prescripciones Cambiaremos las habitaciones. Tú te trasladarás a la habitación de delante y yo a ésta. No supondrá una alteración para ti, todo se llevará allí Ya habrá tiempo de ello, ahora te acuesto en la cama un poquito, necesitas tranquilidad a toda costa. Vamos, te ayudaré a desnudarte, ya verás cómo sé hacerlo. ¿O prefieres trasladarte inmediatamente a la habitación de delante y allí te acuestas provisionalmente en mi cama? La verdad es que esto sería lo más sensato.


Georg estaba de pie justo al lado de su padre, que había dejado caer sobre el pecho su cabeza de blancos y despeinados cabellos.


-Georg -dijo el padre en voz baja y sin moverse.


Georg se arrodilló inmediatamente junto al padre, vio las enormes pupilas en su cansado rostro dirigidas hacia él desde las comisuras de los ojos.


-No tienes ningún amigo en San Petersburgo. Tú has sido siempre un bromista y tampoco has hecho una excepción conmigo. ¡Cómo ibas a tener un amigo precisamente allí! No puedo creerlo de ninguna manera.


-Padre, haz memoria una vez más -dijo Georg, levantó al padre del sillón y le quitó la bata, estaba allí tan débil-, pronto hará ya tres años que mi amigo estuvo en casa de visita. Recuerdo todavía que no te hacía demasiada gracia. Al menos dos veces te oculté su presencia, a pesar de que en esos momentos se hallaba precisamente en mi habitación. Yo podía comprender bien tu animadversión hacia él, mi amigo tiene sus manías, pero después conversaste agradablemente con él. En aquellos momentos me sentía tan orgulloso de que lo escuchases, asintieses y preguntases... Si haces memoria tienes que acordarte. Él contó entonces historias increíbles de la revolución rusa. Cómo, por ejemplo, en un viaje de negocios a Kiev, había visto en un balcón a un sacerdote que se había cortado una ancha cruz de sangre en la palma de la mano, la levantó e invocó con ella a la multitud. Tú mismo has contado de vez en cuando esta historia.


Mientras tanto Georg había conseguido sentar al padre y quitarle cuidadosamente el pantalón de punto que llevaba encima de los calzoncillos de lino, así como los calcetines. Al ver la ropa, que no estaba precisamente limpia, se hizo reproches por haber descuidado al padre. Seguro que también formaba parte de sus obligaciones el cuidar de que el padre se cambiase de ropa. Todavía no había hablado expresamente con su prometida de cómo iban a organizar el futuro del padre, porque tácitamente habían supuesto que él se quedaría solo en el piso viejo. Sin embargo, ahora se decidió, de repente y con toda firmeza, a llevárselo a su futuro hogar. Bien mirado, casi daba la impresión de que el cuidado que el padre iba a recibir allí podría llegar demasiado tarde.


Llevó al padre en brazos a la cama. Una terrible sensación se apoderó de él cuando, a lo largo de los pocos pasos hasta ella, notó que su padre jugueteaba con la cadena del reloj sobre su pecho. Se agarraba con tal fuerza a la cadena del mismo, que no pudo acostarlo inmediatamente. Apenas se encontró en la cama, todo pareció volver de nuevo a la normalidad. Se tapó solo y se cubrió muy bien los hombros con el cobertor. No miraba a Georg precisamente con hostilidad.


-¿Verdad que ya te acuerdas de él? -preguntó Georg, y asintió con la cabeza haciendo un gesto alentador.


-¿Estoy bien tapado? -preguntó el padre como si no pudiese asegurarse él mismo de que sus pies se encontraban tapados.


-Así es que te gusta estar en la cama -dijo Georg, y colocó mejor el cobertor a su alrededor.


-¿Estoy bien tapado? -preguntó el padre de nuevo, y pareció prestar especial atención a la respuesta.


-Estate tranquilo, estás bien tapado.


-¡No! -gritó el padre de tal forma que la respuesta chocó contra la pregunta, echó hacia atrás el cobertor con una fuerza tal que por un momento quedó extendido en el aire, y se puso de pie sobre la cama. Sólo con una mano se apoyaba ligeramente en el techo.


-Querías taparme, lo sé, retoño mío, pero todavía no estoy tapado, y aunque sea la última fuerza es suficiente para ti, demasiada para ti. ¡Claro que conozco a tu amigo! Sería el hijo que desea mi corazón, por eso también lo has engañado durante todos estos años. ¿Por qué si no? ¿Acaso crees que no he llorado por él? Precisamente por eso te encierras en tu oficina: "el jefe está ocupado, no se le puede molestar". Sólo para poder escribir tus falsas cartitas a Rusia. Pero, afortunadamente, nadie tiene que dar lecciones al padre sobre cómo adivinar las intenciones del hijo. De la misma manera que ahora has creído haberlo subyugado, subyugado de tal forma que podrías sentarte con tu trasero sobre él y él no se movería, en ese momento mi señor hijo ha decidido casarse.


Georg levantó la mirada hacia el espectro de su padre. El amigo de San Petersburgo, a quien de repente el padre conocía tan bien, se apoderaba de él como nunca hasta ahora. Lo vio perdido en la lejana Rusia. Lo vio en la puerta del negocio vacío y desvalijado, entre las ruinas de las estanterías, entre los géneros hechos jirones, entre los tubos de gas que estaban caídos... y él permanecía todavía erguido. ¿Por qué había tenido que irse tan lejos?


-¡Pero mírame -gritó el padre-. Georg corrió, casi distraído, hacia la cama, con la intención de comprenderlo todo, pero se quedó parado a mitad de camino.


-Porque ella se ha levantado las faldas -comenzó a hablar el padre-, porque se ha levantado así las faldas de cerda asquerosa -y para expresarlo plásticamente se levantó el camisón tan alto que se veía sobre el muslo la cicatriz de sus años de guerra-, porque se ha levantado así, y así las faldas, te has acercado a ella y, para poder gozar con ella sin que nadie molestase, has profanado la memoria de nuestra madre, has traicionado al amigo y has metido en la cama a tu padre para que no se pueda mover, pero ¿puede moverse o no?


Permanecía en pie sin apoyo alguno y lanzaba las piernas en todas las direcciones. Sonreía con entusiasmo al comprenderlo todo.


Georg estaba de pie en un rincón lo más lejos posible del padre. Desde hacía un rato había decidido firmemente observarlo todo con exactitud, para no ser indirectamente sorprendido de alguna forma por detrás o desde arriba. Entonces se acordó de nuevo de la decisión, ya hacía rato olvidada, y volvió a olvidarla tan deprisa como se pasa un hilo corto a través del ojo de una aguja.


-No obstante el amigo no ha sido todavía traicionado -gritó el padre, y lo corroboraba su índice movido de acá para allá- yo era su representante en este lugar.


Georg no pudo evitar gritar:


-¡Comediante!


Reconoció inmediatamente el daño y, demasiado tarde, los ojos fijos, se mordió la lengua hasta doblarse de dolor.


-¡Sí, por supuesto que he representado una comedia! ¡Comedia! ¡Buena palabra! ¿Qué otro consuelo le quedaba al anciano padre viudo? Dime, y durante el momento que dure la respuesta sé todavía mi hijo vivo. ¿Qué otra salida me quedaba en mi habitación interior, perseguido por un personal infiel, viejo hasta los huesos? Y mi hijo iba con júbilo por la vida, ultimaba negocios que yo había preparado, se retorcía de la risa y pasaba ante su padre con el reservado rostro de un hombre de honor. ¿Crees tú que yo no te hubiese querido, yo, de quien saliste tú?


"Ahora se inclinará hacia delante", pensó Georg, "¡si se cayese y se estrellase!" Esta palabra le pasó por la cabeza como una centella.


El padre se echó hacia delante, pero no se cayó. Puesto que Georg no se acercaba como había esperado, se irguió de nuevo.


-¡Quédate donde estás, no te necesito! Piensas que tienes todavía la fuerza suficiente para venir aquí, y solamente te contienes porque así lo deseas, ¡No te equivoques! Todavía soy el más fuerte, ¡Yo solo habría tenido quizá que retirarme, pero tu madre me ha dado su fuerza, con tu amigo me alié maravillosamente y a tu clientela la tengo aquí en el bolsillo!


-¡Incluso en el camisón tiene bolsillos! -se dijo Georg, y creyó que con esta observación podría hacerle quedar en ridículo ante todo el mundo. Pensó en esto sólo durante un momento, porque inmediatamente volvía a olvidarlo todo.


-¡Cuélgate del brazo de tu novia y ven hacia mí! ¡La barro de tu lado y no sabes cómo!


Georg hacía muecas como si no pudiese creerlo. El padre sólo asentía con la cabeza, ratificando la verdad de lo que decía y dirigiéndose al rincón en que se encontraba Georg.


-¡Cómo me has divertido hoy cuando has venido y me has preguntado si debías contarle a tu amigo lo del compromiso! ¡Si lo sabe todo, estúpido, lo sabe todo! Yo le escribía porque olvidaste quitarme las cosas para escribir. Por eso ya no viene desde hace años, lo sabe todo cien veces mejor que tú mismo, tus cartas las arruga con la mano izquierda sin haberlas leído, mientras que con la derecha se pone delante mis cartas para leerlas.


De puro entusiasmo agitaba el brazo por encima de la cabeza.


-¡Lo sabe todo mil veces mejor! -gritó.


-Diez mil veces -dijo Georg con la intención de burlarse de su padre, pero todavía en su boca estas palabras adquirieron un tono profundamente serio.


-¡Desde hace años estoy a la espera de que me vengas con esa pregunta! ¿Crees que me preocupa alguna otra cosa? ¿Crees que leo periódicos? ¡Mira! -Y tiró a Georg un periódico que, de alguna forma, había ido a parar a su cama. Un periódico viejo con un nombre que a Georg le era completamente desconocido.


-¡Cuánto tiempo has tardado en llegar a la madurez! Tuvo que morir tu madre, no llegó a ver el día de júbilo. El amigo perece en su Rusia, ya hace tres años estaba amarillo de muerte, y yo, ya ves cómo me va a mí, para eso tienes ojos.


-Entonces me has espiado -gritó Georg.


El padre, en tono compasivo e incidental, dijo:


-Probablemente eso querías haberlo dicho antes, ahora ya no viene a cuento -y en voz más alta-: Ahora ya sabes lo que había además de ti, hasta ahora no sabías más que de ti mismo. Lo cierto es que fuiste un niño inocente, pero aún más ciertamente fuiste un hombre diabólico. Por eso has de saber que yo te condeno a morir ahogado.


Georg se sintió como expulsado de la habitación, el golpe con el que el padre a su espalda había caído sobre la cama resonaba todavía en sus oídos. En la escalera, por cuyos escalones bajaba tan de prisa como si se tratase de una rampa inclinada, sorprendió a la criada que estaba a punto de subir para arreglar el piso.


-¡Jesús! -gritó, y se tapó la cara con el delantal, pero él ya se había ido.


Salió del portal de un salto, el agua lo atraía por encima de la calzada. Ya se asía firmemente a la baranda como un hambriento a la comida. Saltó por encima como el excelente atleta que, para orgullo de sus padres, había sido en sus años juveniles. Todavía seguía sujeto con las manos, débilmente. cuando divisó entre las barras de la baranda un ómnibus que cubriría con facilidad el ruido de su caída. Exclamó en voz baja: "Queridos padres, a pesar de todo siempre los he querido", y se dejó caer.


En ese momento atravesaba el puente un tráfico verdaderamente interminable.