martes, 30 de junio de 2009

El arte de la esquina

El arte de la esquina

Boletín Mensual Nº 23 – Año 2
Junio 2009



Música Renacentista



Sumario


Estética del Renacimiento (Novena Parte)

Imagen y palabra
Esperanza





Estética del Renacimiento

(Novena Parte)


Lic. Alicia Grela Vázquez



Así como la Historia comienza con la escritura, la Modernidad y con ella su primera etapa: el Renacimiento, derivan de la invención de la imprenta de tipos móviles por Juan Gutenberg, en 1440.

Escritura cuneiforme


Imprenta de tipos móviles



Con esto prosperan las transacciones comerciales, porque es posible obtener contratos para todo. Comienza el liberalismo y el auge de la propiedad privada. Pero este invento, con el lucro como motivación, también hace posible la publicación de muchísimos libros, lo cual facilita la adquisición, apropiación y lectura de los mismos. Por ende la Literatura prospera y destaca a escritores que salen del anonimato.

Mantiene viejos géneros, como la Epopeya en "Los Lusíadas" de Camoens donde se canta la gloria por las hazañas de los portugueses en la aventura del descubrimiento de nuevas tierras.


Camoens lee "Los Lusíadas" a Don Sebastián



También crea otros como la Novela. Esta va de la picaresca a las ejemplares, culminando con "El Quijote".
Portada del libro



Escena de Lázaro

Quijote y Sancho

La Poesía se desdobla en la que mantiene lazos con la Edad Media: la Mística (con San Juan de la Cruz) y la Moderna cortesana (con Garcilazo de la Vega)

San Juan de la Cruz


Oratorio de San Juan de la Cruz



Garcilaso de la Vega



Egloga


Las Artes Rítmicas, dependientes del tiempo también muestran cambios en el Renacimiento. La Música no escapa a la generalidad. Se busca hacer más una ciencia que un arte. Se vuelve a los principios pitagóricos con el número como esencial. Las composiciones están dirigidas más al espíritu que a los sentidos.

El Racionalismo que caracteriza al Renacimiento se expresa principalmente en la Música, recuperando la relación, proporción, razón (logos) descubierta por Pitágoras: 1/8 entre una nota y otra, pero no se limita a ella. Enriquece éste y otros conocimientos y los proyecta al futuro.

En los años que van del siglo XIV al XVI las combinaciones musicales varían enormemente. Es el período de la Polifonía Vocal.



Polifonía renacentista


La Polifonía (muchos sonidos) se denomina así por ser una composición para varias voces superpuestas e independientes en ritmo y melodía, según las leyes del contrapunto. Caracteriza la tendencia predominante en el Renacimiento, en obras corales tanto religiosas como profanas. Su origen está en los países flamencos, aunque se difunde exitosamente en Alemania y Francia.

En esta época comienza el Concerto Grosso y progresa la Teoría musical con Victoria, a la cual Lassus aporta dos mil composiciones. Palestrina introduce la Polifonía en Italia con sus Madrigales. Su obra es equiparada con el Canto Gregoriano en las ceremonias de la Iglesia romana.



La Gran Polifonía


El papa Julio II incorpora a Palestrina a la Capilla Pontificia. Conoce el éxito en su tiempo pero sufre el olvido por siglos. A fines del siglo XIX, en el tercer centenario de su muerte, con la edición completa de sus obras se revela su talento. Compuso unas cien Misas. De ellas, la del Papa Marcelo se considera la más perfecta en su género. Por otra parte, su Improperia se conserva como música de ejecución obligada en la celebración de la Semana Santa en el Vaticano.

Finalmente, hacia el siglo XVI se abandona la Polifonía por la Monodia (canto a una sola voz) religiosa o profana y la invención del Recitado. Estos dos elementos aplicados a la escena gana en espacio para el drama musical surgido en Italia en el siglo XV



Monodia

El capitalismo que consagra como forma política el liberalismo logra en el Renacimiento destacar a algunos artistas que se diferencian por sus capacidades y posibilidad de contratación del resto de los trabajadores que continúan en el anonimato.


Imagen y Palabra


Textos: Prof. Elsa Sposaro

El ojo en el agua

Éramos cuatro amigos. Caminábamos juntos por el bosque. Un animal nos miró fijamente. Seguimos caminando y vimos que la cara de Joaquín empezaba a transformarse y su cuerpo a alargarse. Miguel se asustó . No entendía qué pasaba, pero su propia nariz crecía y crecía. En un instante ellos eran un sólo cuerpo con dos caras extrañas. Nosotros los empezamos a llevar cargados. Ellos ya no tenían piernas. Más tarde, nos sucedería lo mismo. ¿Quién nos ayudará a caminar?. Estamos varados en el bosque. El animal sigue mirando nuestra metamorfosis.

La luz y el color



Los miré con detenimiento. No sabía a cuál subir...el celeste me invitó, pero me cansó. Lo veía todos los días. Entonces el rojo me cautivó. Me llevó a brazos desconocidos, a bocas esperanzadoras. Me tiró por barrancos interminables. Mi sangre se fundió con él.Decidí bajarme o mi vida se terminaría rápidamente.Busqué un lugar tranquilo, descansado. Me confundí y me subí al azul. Me dio frío. Me puse muy triste.Al fin el verde me guiñó un ojo. Encontré mi lugar...allí había paz.


Vincent


Allí estás...amigo siempre presente. Mis pinceles pretenden seguir tus cálidos colores...no lo consiguen, pero sí contactan con tu sentimiento.
Te siento. Tu abrigo me abriga. Tu frío, se siente. Tu tristeza se comparte.
Nadie se da cuenta de tu verdadero mensaje. Te entiendo. Te cuido.
Esos creen sin sentido que con su dinero, que no te dieron, ahogarán tus palabras con sentido. No estabas loco. Simplemente estabas triste. Comparto tu tristeza, amigo mío...estoy siempre contigo.







Esperanza

Giovanni Papini

Se llamaba Esperanza, pero ya no esperaba nada. Oscura de piel, negra de cabellos, negrísima de ojos, hasta sus pensamientos, patéticamente nocturnos, fúnebres y sepulcrales, parecían nacer entre avenidas de cipreses en un ventoso crepúsculo de febrero. Alma de otros tiempos; alma perdida entre demasiados cuerpos enemigos; inadaptada al amor físico; fea y taciturna; llena de romanticismo y de malas lecturas, no había ninguna razón para que tuviera que vivir más de treinta o treinta y cinco años. Un amor infeliz -un amor demasiado breve, pero todavía no acabado para ella, y acaso inacabable- le había cubierto el rostro con la lívida máscara de las traicionadas sin culpa.
Sin embargo, de su lacrimosa tristeza y de su soledad sin vistas de cielo había conseguido sacar una profesión, algo que se parecía a la literatura. Sus desesperaciones literarias, sus infinitos insomnios, sus paseos a ciegas, sin finalidad y sin alegría, la habían acostumbrado a contar solamente cosas de su alma y a sacar de ella todo lo que podía contener. En aquel ensueño continuo que le empañaba los ojos y le lastimaba la vista, todo un mundo surgía con la rapidez luminosa de una aventura. Sueños sin cotinuación; hipótesis realizadas a medias; increíbles casos de conciencia; asociaciones irracionales de palabras, de ideas, de personas; esbozos y comienzos de vida sin lógica; símbolos graves descubiertos en muñecos de niños y bagatelas sin consecuencias y, de cuando en cuando, chorros irisados de elocuencia amorosa con alguna que otra llovizna de sofismas líricos, constituían su vida interior; su única riqueza, su único consuelo. Después del abandono definitivo, después que su propio nombre se volvió absolutamente falso y casi ridículo, ella intentó expresar con palabras escritas algún pedazo de su mundo. Lo consiguió y prosiguió. Un día, toda temblorosa, como si estuviera a punto de confesar al mundo su único amor, consiguió enviar a una gran revista un cuento suyo. El cuento gustó y fue publicado. Le pidieron otros y ella los escribió y los mandó.
Adquirió valor: pasó del cuento a la novela; encontró un editor; se creó un pequeño público; vivió sola, pensó, inventó; consiguió ganar para vivir; rechazó toda ayuda de la familia hostil y lejana.
2
Cuando la conocí tenía apenas treinta años. Vivía en una pensión, en una de aquellas calles anchas, señoriales y apartadas, donde incluso el polvo parece más limpio y el viento más educado.
Su vida era regularísima y laboriosa: escribía una novela al año y un cuento al mes, y para la novela tenía siempre a su viejo editor dispuesto, y para los cuentos, tres o cuatro revistas que seguían albergándola y pagándole poco. Sin embargo, lograba reunir aquellas dos mil o tres mil liras que le hacían falta para vivir y para abonarse a todas las salas de lectura de la ciudad. Leía con preferencia las novelas aparecidas entre 1830 y 1870, cuando el romanticismo estaba deshaciéndose y el realismo apenas apuntaba. Sospecho malignamente que en aquellos libros olvidados y patéticamente idiotas ella pescaba motivos y argumentos para los suyos.
Verdaderamente no debería decir de ella todo el mal que pienso, porque fue precisamente ella quien me quiso conocer; guardo todavía su primera carta, de la que algunas frases enfáticamente entusiásticas me hicieron y me hacen enrojecer. Las primeras veces que la vi no hablamos de literaturas y esto me sorprendió y encantó tanto que volví con más frecuencia de lo que hubiera querido. (No es que hubiera ningún peligro sentimental, pero, como hombre sano, creo que la proximidad de las mujeres es, al contrario de lo que se cree, un excitante para la pequeñez.)
Pero, aunque fui varias veces a verla, nunca pensé en invitarla a mi casa, y me asombré muchísimo el día que, mientras estaba en la ventana, vi pararse un coche a mi puerta y bajar de él a la señorita Esperanza, que venía a mi casa.
Una vez que la hube hecho pasar a mi despacho, empezó a hablarme de cosas corrientísimas: del concierto de Palestina que habría el día siguiente, de la necesidad de fomentar una moda más simple para las señoras no elegantes, e incluso de la insólita intranquilidad del gato blanco de la pensión. Sólo cuando se levantó para despedirse y marcharse me dijo en voz baja:
-Había venido para confiarle un pequeño secreto, pero acaso sea una estupidez. No vale la pena hablar de ello. Esperaré a otra vez, otro síntoma, y luego se lo diré todo, si me lo permite.
Le rogué, con mucha insistencia, que me contara en seguida lo que la había movido a buscarme y que ahora la hacía estar titubeante y casi vergonzosa. La pobre Esperanza me miró un momento a los ojos con sus melancólicas pupilas negras y se sentó de nuevo.
-Escuche -empezó, bajando los ojos y atormentando con ambas manos los cordones de su bolso-. Escuche: yo creo que es una simple casualidad, una coincidencia cualquiera; un acuerdo repetido nada misterioso. Pero confieso que me ha impresionado: tengo necesidad de confiarme a alguien, de pedir una explicación. Acaso se trata de una simple suposición y otro puede verlo de otra manera. Tal vez usted pueda decirme algo: usted es un espíritu profundo, usted ha buscado siempre los enigmas...
-Perdone -la interrumpí, con mi acostumbrada mala educación-, usted me hace con demasiada facilidad elogios que no me importan, y aún no me ha dado a entender, ni remotamente, lo que desea de mí.
La desgraciada muchacha me miró de nuevo con ojos asustados.
-Tiene razón -repuso-; perdóneme: soy mujer y literata. He aquí en pocas palabras lo que me sucede. Como usted sabe, yo sólo escribo y, en general, los argumentos de mis cuentos me vienen de manera espontánea, mientras leo, o paseo, o estoy en cama por la noche o por la mañana. Pero desde hace algún tiempo me he dado cuenta de que, de los muchos temas de cuentos que tengo dispuestos en mis papeles y en mi cabeza, sólo soy capaz de desarrollar algunos; y, lo que es más extraño, esos argumentos tienen algo en común, es más, tienen en común el hecho más importante, es decir, que todos se refieren a una mujer, y esta mujer, por más que haga para cambiarla y transfigurarla, se parece precisamente a mí.
-¡Por favor! -exclamé, con cierto desprecio-. ¿Qué encuentra de extraño en todo eso? A todos los escritores, incluso a los de talento shakespeariano o dramático, les sucede siempre lo mismo. La literatura es un espejo. Se hace actuar a los demás, pero sólo se conoce y se representa a uno mismo. Si acaso, lo extraño es que usted no lo haya advertido antes.
-Espere -dijo con energía la señorita Esperanza, un poco resentida-, espere a que se lo cuente todo. La historia no se acaba aquí. Usted me cree más tonta de lo que soy. El hecho verdaderamente extraño viene después. Cuando he escrito las historias de la mujer que se me parece, sucede que las mismas aventuras inventadas por mí, para mi imaginaria heroína, se repiten en la vida para mí, precisamente para mí en carne y hueso. Le daré un ejemplo: hace seis o siete meses escribí un cuento en el que narraba cómo una mujer joven, virgen, fea, honesta y solitaria, se encontraba, de repente, con que tenía que hacer de madre para salvar el honor de una amiga, y de qué manera se iba despertando poco a poco en ella el amor hacia este niño no suyo, y con tanta fuerza que le hacía creer que ella era verdaderamente su madre. Y he aquí que hace tres meses, antes de que el cuento fuera publicado, he recibido una carta de la única amiga que tengo en el mundo. Esta amiga está casada, pero separada; tiene un amante, ha tenido un hijo y, para no verse obligada a registrarlo, como sería necesario, con el nombre del marido, me conjuraba a recoger su hijo. No he sabido decir que no: la cosa quedará secreta, y por otra parte, ya que nunca podré tener una familia mía, no me importa mucho el honor burgués. El niño está con una nodriza, pero no he podido menos que pensar en él. He ido a verlo; me he conmovido. Esa pequeña vida que surge y se forma liberándose de la animalidad me atrae. He vuelto ya varias veces y creo que lo quiero, acaso, más que su madre. Este es el primer hecho, pero hay otro. Hace pocos días escribí un cuento donde la acostumbrada mujer que se me parece vuelve a ver, después de muchos años, al único hombre que amó, y lo ve feliz, con una mujer a su lado, y se aparta para no enturbiar con su presencia la nueva felicidad de aquel al que sigue amando. Pues bien, ayer mismo...
A este punto los sollozos le cortaron la palabra, se tapó la boca con el pañuelo y los contuvo a duras penas. Pero dos pequeñas y tímidas lágrimas cayeron de sus largas pestañas negras, que estaban ya húmedas antes.
-Hacía siete años que no lo veía -reanudó con voz improvisamente ronca-. Se había marchado fuera de Italia. Ayer lo he vuelto a ver: hay una mujer con él, rubia, guapa, alta, con los ojos malos. Yo no sabía nada y, sin embargo, hace pocos días lo había escrito todo, tal como ha sucedido. También en el cuento hay los ojos malos de ella y la sonrisa de él: la sonrisa que yo conocía tan bien...
Aquella singular imitación que la realidad hacía de la literatura me sorprendía más profundamente de lo que quería reconocer; sin embargo, compuse la fisonomía más sabia de este mundo e intenté demostrar a la señorita Esperanza que se trataba únicamente de coincidencias curiosas y nada más, y que no había motivo para conmoverse. La pobrecita me miró tristemente y sin confianza, dándose cuenta de que yo quería engañarla. Al cabo de unos momentos, cuando las lágrimas se calmaron, se secó la cara con cuidado, me saludó fríamente y se fue.
3
Durante muchos meses no la vi y no tuve el valor de ir a buscarla, después de lo que me había dicho con los ojos aquel día al dejarme. Pero una mañana leí su nombre en el periódico bajo un titular extraño: Tentativa de rapto de una escritora. Era ella: mientras volvía, por la noche, de un paseo por el campo, los acostumbrados hombres enmascarados, que tienen el coche preparado a pocos pasos, habían intentado amordazarla. A sus gritos, un hombre que había acudido había exclamado: «¡No es ella!» Y la habían dejado.
Corrí a la pensión donde vivía para saber lo que había de cierto en aquella noticia. La encontré palidísima, tendida en un diván. No se asombró al verme y me tendió un fascículo de una revista salida aquel mismo día. Miré el sumario y vi que había un cuento suyo. Corté la página, leí... Se trataba de una mujer joven, melancólica, fea y abandonada, que había sido raptada, por equivocación, una noche, por unos hombres con antifaces negros.
Mientras avanzaba en la lectura, de cuando en cuando levantaba los ojos hacia ella con estupor; ella sonreía y callaba.
-Pero ¿es verdad? -le pregunté cuando hube terminado-. ¿Es verdad todo, incluso lo que cuentan los periódicos?
-Exactísimo -me contestó, intentando sonreír-. No hay ninguna vía de escape. A usted se lo conté todo. Pero entonces estábamos en el comienzo..., la cosa no era grave. Después... ¡Si supiera lo que ha sucedido después! La ley es tenaz, constante, rigurosa. A veces se trata de cosas de nada, pequeneces, pero otras... Es preciso que un día u otro le diga todo: también los demás deben saber...
"Cada vez que tomo la pluma, ella, es decir, yo, se adelanta y se apodera de mi espíritu. No puedo imaginar cosas de nadie más sino de ella. Lo he intentado. ¡Oh, sí, lo he intentado! ¡Cuántas redes he tendido a mi fantasía reluctante! ¡Cuántos viejos temas he sacado de mis papeles para imponérselos a mi inspiración! Era inútil, no conseguía ni escribir una frase. Pero en cuanto me dejaba dominar y guiar por ella -es decir, por mí, por mi doble literario y profético-, entonces todo se volvía fácil y llano, las aventuras se presentaban con abundancia, sin esfuerzo, la intriga se desarrollaba elegantemente hasta lo último, y el cuento salía de un tirón, lleno de vida. Pero cada uno de esos cuentos era una condena para mí. A veces se narraba que ella no podía dormir y cada noche la asaltaban horribles visiones, y a los pocos días también yo me agitaba en el insomnio, debatiéndome contra fantasmas y monstruos indescriptibles. Otra vez imaginaba que era amada por un muchacho joven, por un adolescente atraído por su fama y, en efecto, al cabo de pocas semanas recibí una carta de veinte páginas de un muchacho de quince años que me creía joven y bella y me ofrecía su amor para toda la vida. Y así, cada mes, una. Y siempre, cada vez, lo que predigo con la fantasía se realiza sin demora. El último caso es el que usted conoce y que le ha sugerido venir a verme. Y ahora, ¿qué me dice? ¿Me dirá todavía que se trata de coincidencias?"
Me di cuenta de que la infeliz Esperanza estaba muy excitada y tenía fiebre. Le aconsejé, con toda la malicia que encontré disponible, dejar de escribir durante un tiempo. Me lo prometió y, después de alguna cansada palabra de consuelo, la dejé.
Su caso me turbaba y hacía cuanto podía para no pensar en él. No era capaz de explicarlo: me atraía y me enojaba. Acabé por olvidarme casi completamente de la pobre Esperanza y de sus aventuras literarias. Pero una mañana de enero me llegó una carta suya. Me informaba que había seguido durante algún tiempo mi consejo, pero que, al cabo de tres meses, se había visto obligada a reanudar su trabajo por dos razones: ante todo, porque vivía de la literatura y no podía, ni quería, pedir nada a nadie, y además, porque la imagen de su fantástico doble no le daba paz ni sosiego y le sugería, día y noche, nuevas aventuras extraordinarias. Entonces se había entregado a la inspiración y, apenas había escrito, la realidad venía a imitarla como antes, como siempre. Ya no podía liberarse; todo lo que la otra le dictaba tenía primero que narrarlo y después suceder. El último cuento era el más terrible de todos: anunciaba la muerte. La infeliz añadía que no temía a la muerte, pero que quería advertirme para que, por lo menos, hubiera un testimonio de su triste clarividencia.
Apenas leí la carta fui a la pensión. Una criada que vino a abrirme con la cara descompuesta me dijo que la señorita Esperanza había muerto hacía pocas horas de un ataque al corazón. Encima de una mesa se encontró su último cuento, en el que una heroína melancólica y morena moría perseguida por una sombra que nadie veía más que ella.

Palabras y sangre, 1912


































































































jueves, 28 de mayo de 2009

Boletín El Arte de la esquina Nº 22

El arte de la esquina
Boletín Mensual Nº 22 – Año 2
Mayo 2009



Al otro lado – Tomás Castaño




SUMARIO
El arte de un autodidacta: Tomás Castaño
Mario Benedetti
Museo Sorolla
Dos cuentos de Macedonio Fernández


El arte de un autodidacta: Tomás Castaño
por Silvia Juárez




Tomás Castaño nace en Santander (España) en 1953. Desde muy joven demuestra una especial predisposición hacia el dibujo, pero hasta la edad de 17 años no toma los primeros pinceles. De formación autodidacta, se ha forjado a si mismo, a base de tesón y entusiasmo, decantándose por un estilo de pintura realista, que aborda plasmando composiciones construidas, bien dibujadas, preocupándose de la composición y el dibujo, controla la perspectiva y también las facultades que lo han llevado a alcanzar un estatus de paisajista caracterizado por su trabajo arquitectónico.


Club Marítimo Castro-Urdiales" Tomás Castaño


Su obra se caracteriza por un realismo sereno y poético, que traduce el deleite del artista en la plasmación de calles, edificios y fachadas con solera. Sus cuadros atrapan la magia de la estética de lo antiguo, y transmiten toda la calidez y humanización de los ambientes no transformados por la vida actual.



Cafetería Capitán León – Tomás Castaño


Ha mostrado su obra en exposiciones colectivas por varios países como Alemania, Holanda, Francia, Argentina, Japón, Italia y numerosas exposiciones individuales y colectivas en territorio español.

Guiness Collection – Tomás Castaño

Ha representado a Cantabria en la Bienal de Florencia en la edición 2005. Su obra es reconocida por el peculiar estilo y el ambiente que crea en el acabado de sus series de viejas tabernas. Su obra figura en las colecciones de la Fundación Carriegos (León), Hotel Central de Santander, Ayuntamiento de Castro Urdiales, Ayuntamiento de Villanueva de Villaescusa, Sede Social de CC.OO. de Santander y otras colecciones privadas en España, Francia, Puerto Rico, EE.UU. y Costa Rica. Obra en permanencia en Galería Sharon-León, Galería Este-Santander, Espacio 36-Zamora, Rita Castellote- Madrid y Akros Gallery de Bilbao.


ARTE-A-FICcIÓN entrevista a Tomás Castaño

¿Desde cuando empezaste a dibujar y pintar?

Desde niño ya me gustaba dibujar, aunque no empecé hasta los 17 años a pintar con óleo, pero profesionalmente lo hago desde el año 2000.


¿Cómo defines tu estilo?

Dentro del más puro estilo realista. Aunque algún crítico me ha colocado más cerca del hiperrealismo.


Interior – Tomás Castaño

¿Qué es lo que te inspira al pintar?

Nada en particular, solo el estado de ánimo y mi carácter es muy optimista por lo que casi siempre estoy inspirado

¿Qué se necesita para lograr una buena obra?
La inspiración, si algún día no consigues lo que quieres, los colores, no avanzas en la obra, etc., lo mejor es dejarlo y darte un buen paseo e iniciar de nuevo al día siguiente.

Lo que la gente opina de tu obra ¿es importante para ti? ¿Influye esta opinión en tu trabajo?

Yo personalmente lo considero muy importante y sobre todo las críticas constructivas, te ayudan a mejorar.

¿Qué es lo que pretendes expresar con tu arte?

Nada en particular. Trato de llegar a aquella gente que realmente entiende y ama el arte como siempre ha sido. Creo que solo perduran las buenas obras y eso solo el tiempo lo demostrará.

Bodegón – Tomás Castaño

Un consejo para las personas que empezamos a dar nuestros primeros pasos en el mundo del arte
Mucha paciencia y mucha suerte;saber rodearte de personas con buenos contactos y huir de los especuladores y sinvergüenzas que tanto abundan en este pequeño mundo.
Más de Tomás Castaño se puede apreciar en su página personal.
Página Web:
http://www.tomascastano.com/



Mario Benedetti
por Elsa Sposaro




Compromiso. Palabra olvidada por tantos humanos. Palabra manoseada, ensuciada y mal usada por tantos políticos, médicos, abogados y otros profesionales.
Mario Benedetti, escritor uruguayo hábil y destacado en todos los géneros, es sinónimo de compromiso.
Se ha comprometido como escritor, como ciudadano y como persona. Su compromiso político le ha acarreado muchas dificultades en su vida, así es que sufrió desde persecuciones hasta el exilio.
Fue distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999 y en 1995 con el Premio Internacional Menéndez Pelayo.

Algunas de sus poesías han trascendido a la tinta y al papel y se han convertido en canciones de la mano del cantautor Joan Manuel Serrat o Pedro Guerra.
“Testigo de uno mismo” fue la publicación realizada en agosto de 2008 y se puede definir como una introspectiva de su vida privada y literaria.
Su salud no le ha permitido culminar su última novela. El mundo entero se suma al dolor de su pérdida en este mes de mayo.

Sin duda Mario Benedetti ha sido un hombre cabal, un modelo para seguir en un mundo cada vez más carente de valores.
Su compromiso y su dignidad quedarán como testimonio junto a sus escritos, de que la lucha por la justicia y la igualdad valen la pena.


Estados de ánimo

A veces me siento
como un águila en el aire.

Pablo Milanés

Estados de ánimo - Elsa Sposaro


Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

Mario Benedetti





A partir del 26 de mayo se expondrán en el Museo del Prado, junto a obras de todas las etapas del artista, los catorce paneles que Sorolla pintó por encargo de la Hispanic Society of America y que ya han recorrido numerosas ciudades españolas, siendo contemplados por más de un millón de visitantes. El Ministerio de Cultura, como prólogo a esta gran muestra, exhibe en el Museo del pintor valenciano en Madrid treinta y tres óleos que Sorolla realizó, a lo largo de siete años, a modo de estudios preparatorios para esos paneles que Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, le encargó en 1911.




La exposición, titulada "Sorolla y su idea de España", permanecerá abierta hasta el próximo 14 de septiembre y estudia el modo en que Sorolla plasmó en aquellas pinturas su visión de nuestro país, visión que coincidía con la defendida por las instituciones españolas del momento, que buscaban la recuperación para España de sus valores tradicionales. Esa era la imagen además que se pretendía trasladar al público estadounidense. Tres ejes temáticos articulan la muestra: pueblo, paisaje y monumentos, tres de nuestras señas de identidad fundamentales según el pintor.

Las piezas seleccionadas son fruto de los numerosos viajes que realizó Sorolla por la mayoría de las regiones de nuestro país pintando del natural. Sus estudios dedicados a Oropesa, Ayamonte, Castilla, Cataluña, Aragón, Navarra, Guipúzcoa, Galicia o Extremadura dan fe de la extraordinaria diversidad paisajística y social española y trascienden posibles tópicos.



Dos cuentos de Macedonio Fernández

Esta publicación está dedicada especialmente al Arq. Juan Carlos Sposaro y a todos los fieles amantes de la literatura del genial Macedonio Fernández.




TRES COCINEROS Y UN HUEVO FRITO

Hay tres cocineros en un hotel; el primero llama al segundo y ledice: "Atiéndeme ese huevo frito; debe ser así: no muy pasado, regular sal,sin vinagre"; pero a este segundo viene su mujer a decir que le han robadola cartera, por lo que se dirige al tercero: "Por favor, atiéndeme estehuevo frito que me encargó Nicolás y debe ser así y así" y parte a ver cómole habían robado a su mujer.Como el primer cocinero no llega, el huevo está hecho y no se sabe aquién servirlo; se le encarga entonces al mensajero llevarlo al mozo que lopidió, previa averiguación del caso; pero el mozo no aparece y el huevo entanto se enfría y marchita. Después de molestar con preguntas a todos losclientes del hotel se da con el que había pedido el huevo frito. El clientemira detenidamente, saborea, compara con sus recuerdos y dice que en suvida ha comido un huevo frito más delicioso, más perfectamente hecho.Como el gran jefe de fiscalización de los procedimientos culinariosllega a saber todo lo que había pasado y conoce los encomios, resuelve:cambiar el nombre del hotel (pues el cliente se había retirado haciéndolegran propaganda) llamándolo Hotel de los 3 Cocineros y 1 Huevo Frito, yestatuye en las reglas culinarias que todo huevo frito debe ser en unatercera parte trabajado por un diferente cocinero.


COLABORACIÓN DE LAS COSAS

Empieza una discusión cualquiera en una casa cualquiera pues llega unesposo cualquiera y busca la sartén ya que él es quien sabe hacer lascomidas de sartén y ésta no aparece. Crece la discusión; llegan parientes.Se oye un ruido. Sigue la discusión. Se busca una segunda sartén que acasoexistió alguna vez. El ruido aumenta. Tac, tac, tac. No se concluye deesclarecer qué ha pasado con la sartén, que además no era vieja; seescuchan imputaciones recíprocas, se intercambian hipótesis; se examinanrincones de la cocina por donde no suele andar la escoba. Tac, tac, tac. Alfin, se aclara el misterio: lo que venía cayendo escalón por escalón era lasartén. Ahora sólo falta la explicación del misterio: el niño, de cincoaños, la había llevado hasta la azotea, sin pensar que correspondierarestituirla a la cocina; al alejarse por ser llamado de pronto por lamadre, después de haber estado sentado en el primer escalón de la escalera,la sartén quedó allí. Cuando trascendió el clima agrio de la discusiónconyugal, la sartén para hacer quedar bien al niño, culpable de todo elingrato episodio, se desliza escalones abajo y su insólita presencia a laentrada de la cocina calma la discordia.Nadie supo que no fue la casualidad, sino la sartén. Y si es verdadque puede haberle costado poco por haber sido dejada muy al borde delescalón, no debe menospreciarse su mérito.