sábado, 28 de junio de 2008

El arte de la esquina Nº 11

El arte de la esquina
Boletín Mensual Nº 11
Junio de 2008


Karl Appel
Temario

Día del escritor
La Estética Heroica en la Antígona de Sófocles
Pintor de pintores
22 años sin laberintos ni clepsidras
Karl Appel: el último expresionista


¿Qué representa esta imagen?



Día del escritor

El 13 de junio de 1874 nace el escritor Leopoldo Lugones en Villa María del Río Seco, Córdoba.
Su obra se puede calificar como polifacética y abundante. Es uno de los pilares del Literatura argentina.
Por ser el fundador de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) se conmemora en Argentina el Día del escritor.
Desde “El arte de la esquina” saludamos a todos los escritores argentinos y extranjeros.


La Estética Heroica en la Antígona de Sófocles
por la Lic. Alicia Grela Vázquez

Uno de los mejores ejemplos de la Estética Heroica es la Antígona de Sófocles. Aquí se ofrece una adaptación de ese texto. En este fragmento la protagonista habla con su hermana Ismena para explicar su decisión: la desobediencia. Esta actitud hace de ella una heroína trágica y la muestra como antecedente para otras rebeldes de la Historia Argentina reciente.


Antígona e Ismena

Este bando que dicen que el bueno de Creonte, regente de Tebas, ha hecho pregonar por los familiares del traidor, anunciaré en alta voz esa orden a los que no la conozcan; y que la cosa se ha de tomar no de cualquier manera, porque quien se atreva a hacer algo de lo que se prohíbe, como buscar y dar sepultura a un hermano muerto, se expone a morir lapidado por el pueblo.

Antígona frente a Creonte

Se sabe lo que hay y pronto se podrá demostrar, si se es de sangre noble o cobarde que desdice la nobleza de sus padres.
Dirán: “¡Qué desdichada, si las cosas están así!”. ¿Qué podré remediar yo, tanto si desobedezco como si acato esas órdenes?
Lo que han de pensar es si me acompañarán y me ayudarán, si vendrán conmigo a levantar el cadáver.
Pienso sepultarlo, a pesar de haberlo prohibido a toda la ciudad, a mi hermano, y no al tuyo, si tu no quieres; pues nunca dirán de mi que lo he abandonado.
El tirano Creonte no tiene ningún derecho a privarme de los míos.
Me dices que reflexione, que nuestro padre murió aborrecido e infamado. Me dicen que nuestros propios hermanos se quitaron la vida uno a otro con sus propias manos.

Eteocles y Polinices se dan muerte


Y que ahora que sólo quedamos nosotras consideremos de qué manera más infame moriremos, si con desprecio de la ley desobedecemos la orden y la autoridad del tirano.
Dicen que es preciso pensar ante todo que somos mujeres, para no querer luchar contra los hombres; y que estamos bajo la autoridad de los superiores, para desobedecer estas órdenes y otras más severas.
Otros dicen que roguemos a los que están bajo tierra, que tengan indulgencia, y que hagamos que cedemos contra nuestra voluntad, obedeciendo a los que están en el poder, porque el querer hacer más de lo que se puede no es cosa razonable.
Ni se lo mandaré a nadie, ni aunque luego lo quieran hacer, tendré el gusto de que me ayuden. Hagan lo que les parezca. A él yo lo sepultaré. Si hago esto, bello me será morir. Yaceré con él, después de cumplir con todos los deberes piadosos, porque mayor es el tiempo que debe complacer a los muertos que a los vivos.
Hay quien no hace desprecio de eso, pero que es impotente para obrar contra la voluntad de los ciudadanos.
Alguien puede dar esas excusas, que yo me voy ya a erigir una tumba a mi queridísimo hermano. Los que me quieren están temblando por mí. Por mí no se preocupen. Cuiden por su suerte.
Me piden que al menos no diga a nadie mi proyecto, que lo guarde en secreto, que ellos harán lo mismo.
¡Hay de mí! ¡Divúlguenlo, que más odiosos me serán si callan y no lo dicen a todos!
Afirman que tengo un corazón ardiente en cosas que hielan de espanto. Pero sé que agrado principalmente a quienes debo agradar. Me responderán: si es que puedo, porque intento un imposible. Pues cuando no pueda, desistiré.
Insistirán diciendo: “De ningún modo conviene perseguir lo imposible”. Si eso dicen, serán odiosos para mí y odiosos serán para el muerto con justicia.

Antígona entierra a su hermano



Pintor de pintores
Por Elsa Sposaro


Autorretrato

Muchos lo conocen como “el pintor de pintores”, el es Diego Rodrigo de Silva y Velázquez. Ha sido un auténtico genio de la Pintura y como tal se lo reconoce con sólo nombrar uno de sus apellidos: Velázquez.
Además de ser la personalidad artística más destacada de su tiempo, Diego Velázquez es también la figura culminante del arte español, sin rival hasta los tiempos de Goya. Considerado además el máximo representante de la escuela barroca hispana.
Su pintura rompió con el clasicismo del siglo XVI y vio la realidad no como un dibujo sino como mancha o masa de color.

El seis de junio de 1599 nace en Sevilla, España. Hay otra versión que ubica su natalicio el 1 de junio de ese año. Hijo de Jerónima Velázquez, mujer noble, de quien el pintor toma su nombre artístico tal como se usaba en su época, y su padre un notario portugués judío convertido al cristianismo.
Recibió Velázquez una educación convencional hasta los 10 años en que inició su formación artística en diferentes talleres de Sevilla.
Entre sus maestros estuvieron Francisco Herrera por unos pocos meses y Francisco Pacheco del Río.
Fue examinado y aprobado por los artistas sevillanos Pacheco y Juan de Uceda obteniendo licencia para ejercer su propio arte en cualquier parte “de los reinos e (sic) señoríos de su majestad” es así como se convirtió en artista independiente en 1917.
A los 18 años el 23 de abril de 1618 se casó con Juana la hija de Pacheco.

Las obras de este período que podríamos denominar sevillano eran tenebristas y se nota la fuerte influencia de Caravaggio.
Fueron pintadas obras que quedan fijadas en la retina de quienes las miran, como es el caso de “Vieja friendo huevos” de 1618 y “El aguador de Sevilla”.



Pintó obras religiosas cuyo realismo era inusual y espectacular, gracias a los efectos de claroscuro. Basta con ver obras como “La Inmaculada Concepción” y “La Adoración de los Reyes magos” 1619. En ese mismo año nació y fue bautizada su primera hija.
Al año siguiente tiene como discípulo a Diego de Melgar durante un período de seis años.
En 1621, el 29 de febrero, es bautizada su segunda hija y el 31 de marzo muere Felipe III y le sucede Felipe IV.

Período madrileño: En 1622 en compañía de Melgar viaja Velázquez a Madrid y allí retrata al poeta Góngora. Aprovecha a visitar las obras artísticas de los palacios reales.
Su estilo tan particular le dio reputación llegando hasta la Corte siendo solicitado a Madrid por el conde-duque de Olivares para que pintara un retrato del rey Felipe IV y le envía 50 ducados para la realización del viaje.
En el verano de 1623 realiza el viaje a Madrid junto a su suegro, y en agosto hace un primer retrato del rey.
Este quedó tan complacido que el 6 de octubre lo nombra pintor de la Corte con veinte ducados al mes como salario. Es así como se traslada con su familia a Madrid.
En 1625 expone en la Calle Mayor un retrato ecuestre de Felipe IV (perdido).
Hacia 1628 Peter Paul Rubens visita Madrid y conoce a Velázquez. Ve la obra de Velázquez “El triunfo de Baco” conocida también como “Los Borrachos” en plena ejecución.
Esta obra está realizada sobre lienzo en óleo (1,65 X 2,25 cm). Se encuentra en el Museo del prado, en Madrid. Es la representación del dios Baco rodeado de otros personajes con apariencia de mendigos u hombres que frecuentan la taberna. Esta es una interpretación irónica del mito, donde Baco aparece sentado sobre un tonel coronando a un joven y a su vez él es coronado por un tercero semidesnudo.

“El triunfo de Baco” o “Los borrachos”

En Italia: Probablemente por petición de Rubens al rey, Velázquez en 1629 viaja a Italia, donde realizará su segundo aprendizaje al estudiar las obras de Tiziano, Tintoretto, Miguel Ángel, Rafael y Leonardo.
En Italia pinta “La Fragua de Vulcano” y “La Túnica de José”, regresando a Madrid dos años después.




La fragua de Vulcano


II Periodo en Madrid: Es así que en enero de 1631 ya está de regreso en Madrid. Pinta el “Cristo crucificado” para el Convento de las Bernardas.
Los encargos son la característica de esta época. Los recibe para el Palacio del Buen Retiro y para la Torre de la Parada. Hace retratos ecuestres, escenas de caza.
Su pintura hace un giro al color que se evidencia en sus retratos. También hace escenas mitológicas como la famosa obra “La Venus del espejo”



La Venus del espejo

Este es el único desnudo femenino que se conserva de Velázquez. Hay muchas versiones de quién fue la retratada. Algunos dicen que es de una pintora italiana llamada Lavinia Triunfi. Otros dicen que se trató de una amante del pintor.
Tampoco hay acuerdo en el momento que fue realizada la obra. Unos dicen que Velázquez la pintó hacia 1648 antes de realizar su segundo viaje a Italia, porque se lo había encargado el rey Felipe II.
La versión de otros estudiosos de la obra del Velázquez afirman que fue realizada durante ese viaje entre 1648 y 1650.
Otra versión dice que se trata del retrato de una amante de Gaspar Méndez Haro, sobrino del conde-duque de Olivares basada esta versión en que aparece en un inventario de los bienes de éste en 1651.
La técnica aplicada por Velazquez en “La Venus del espejo” es una muestra acabada de su magnífico uso del color.

Hacia 1910 especialistas en Arte dudaron de la autoría de Velázquez y se la atribuyeron al pintor Juan Bautista Mazo. Como respuesta a esto León Bonnat y Leónce Bénédite, defendieron la autoría de Velázquez argumentando la evidencia del indiscutible trazo tan característico de este pintor.
Extrañamente hacia el año 1914 en el Nacional Gallery ingresó una mujer que le aplicó a la obra siete puñaladas. Fue restaurada pero aún conserva una porción faltante.
En 1643 Velázquez es nombrado “Ayuda de Cámara del rey”, “Superintendente de Obras reales” para el cuidado de las obras de arte de los regios palacios.
En 1646 se lo nombra “Ayuda de Cámara con oficio”, con este Velázquez ocupa un puesto de relieve en ceremonial.
En 1647 es nombrado “Veedor y contador de obras de la Pieza ochavada de Palacio, o sea de la Sala octogonal del palacio real.
En definitiva, además de pintor del rey, Velázquez es encargado de los proyectos decorativos y artísticos de la Corte. Estas actividades cortesanas resta tiempo al artista pintor y como consecuencia de ello su producción se ve disminuida.
En 1656 pinta “Las Meninas” reconocida por expertos en Arte como su obra maestra.



Las Meninas

“Las Meninas” es un óleo en tela de 3,18 X 2,76 cm. La escena representa a Velázquez mientras está realizando el retrato de la familia real.
“Menina” es un término de origen portugués equivalente a “doncella de honor”. Desde 1819 aparece con este nombre en el catálogo del Prado. Anteriormente, en los inventarios de la corte madrileña, donde aparece desde 1666 la obra es nombrada como “El cuadro de familia”, refiriéndose a la familia real.
De izquierda a derecha están doña Agustina de Sarmiento, la infanta Margarita (antes se creía que era la infanta María Teresa), doña Isabel de Velasco, la enana Mari-Bárbola y el enano Nicolasito Pertusato molestando con el pie a un mastín castellano.
En segundo término encontramos a doña Marcela de Ulloa, encargada del servicio de las damas de la reina y quizá don Diego Ruiz de Ascona.
En el marco de la puerta al fondo está el mayordomo del palacio.
En el espejo están reflejadas la reina Mariana de Austria y el rey don Felipe IV posando delante de un caballete.
Los dos cuadros ubicados sobre el espejo son representaciones mitológicas copiadas de originales de Rubens: “Palas y Aracné” y de Jordaens “Apolo y Marsias”
Esta obra tiene muchos pentimentos en relación a las posturas de los personajes retratados y en la cruz de Santiago en el autorretrato del pintor que fue añadida tres años después de terminada la obra en ocasión del nombramiento en la orden de Santiago.
Así transcurrieron los últimos años del pintor.
A fines de junio de 1660 Velázquez se enferma y muere el 6 de agosto del mismo año a las tres de la tarde, según hay testimonios.
E 7 de agosto es enterrado en la Iglesia Parroquial de san Juan Bautista con honores debido a los cargos que ocupó y en su calidad de caballero de Santiago. Ni la iglesia ni la tumba fueron conservadas. Luego de su muerte algunos enemigos lo acusaron de enriquecerse con el dinero de la corona. Se dice que el artista había hecho muchos enemigos por los nombramientos recibidos.
El 14 del mismo mes muere Juana, su esposa viuda.


22 años sin laberintos ni clepsidras
por Elsa Sposaro


Jorge Luis Borges
El escritor, poeta y ensayista Jorge Luis Borges es una de las figuras literarias más importantes e innovadoras del siglo XX. En sus obras creó un mundo ficticio intenso y subjetivo a través de una simbología personal que se alejaba de la tradicional. En sus relatos cortos, recopilados en libros como Ficciones (1945), examinaba la condición humana en toda su complejidad.
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Así es presentado el escritor argentino Jorge Luis Borges en la mayoría de las enciclopedias de todo el mundo.
Otros lo ubican entre otros escritores europeos y latinoamericanos como Mijaíl Bulgakov, Italo Calvino o Michel Tourier que centran sus obras literarias con las ideas y la imaginería expresionista y surrealista.

No cabe duda que su notoriedad fue bien ganada en círculos literarios y reconocida por lectores de todos los idiomas.
No obstante, de nada sirvió como para ser merecedor del Premio Nobel de Literatura. Cuestionable premio teniendo en cuenta los personajes que son presentados como merecedores de él en diversas áreas, pero de todos modos Premio reconocido para los creadores que han llegado a la cumbre.
Borges, como se lo reconoce, nació en la ciudad de Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 en la casa de sus abuelos maternos, en la calle Tucumán 840 y su nombre es Jorge Francisco Isidoro Luis Borges . Su padre, Jorge Guillermo Borges fue abogado y profesor de Psicología y su madre, Leonor Acevedo Suárez, mujer culta, lo educaron desde muy niño con una institutriz, Miss Tink, de origen inglés en su propia casa. Recién a los 10 años de edad fue al colegio.
Antes que hablar castellano, Borges dominó el idioma inglés, por la fuerte influencia de su abuela paterna, Frances Haslam, nacida en Northumberland.

Se mudan a la calle Serrano 2135, en Palermo, a una casa de dos plantas, con jardín, patio y molino.
Nace Norah, su hermana el 14 de junio de 1901. Juntos pasarán su infancia entre dibujos de tigres, lecturas en inglés. Época esta que dejará huella en el mundo interno de Borges y luego se verá plasmada en su obra.
Cuatro años más tarde fallece su abuelo materno, Isidoro Acevedo Laprida. La familia de Borges está fuertemente vinculada a familias tradicionales de Buenos Aires relacionadas con la independencia argentina.
Decide ser escritor y su familia lo incentiva para seguir su vocación. Así es que en los siguientes años comienza a redactar un resumen de Mitología griega escrita en inglés. Y en español escribe un cuento que encontró inspiración en un pasaje del Quijote, “La víscera fatal”.
Realiza además una traducción de “El príncipe feliz” de Oscar Wilde.
Sus vacaciones transcurren junto a su familia entre Adrogué y Uruguay. Años más tarde utilizaría a Adrogué como escenario de algunos de sus cuentos.
Durante cuatro años estudió en Ginebra. Su padre había ido allí por una consulta médica pues una enfermedad ocular familiar lo aquejaba.
Fue entonces que estalló la I Guerra Mundial.
Desde 1914 hasta 1918 estudió el Bachillerato y francés ya que las clases se dictaban en ese idioma.
Paralelamente estudió alemán y su material de estudio fue tan sólo un diccionario de inglés-alemán.
Hacia 1918 lee a autores en lengua española como José Hernández, Leopoldo Lugones y Evaristo Carriego.
A fines de 1918 se traslada con su familia a Barcelona, España y más tarde a Palma de Mallorca. Luego a Sevilla.
En Madrid se relaciona con un notable políglota y traductor español, Rafael Cansinos Assens, a quien , a pesar de la enorme diferencia de estilos, proclamó como su maestro. Entre otros conoció también a grandes personalidades de la Literatura como a Valle Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Ortega y Gasset, a Ramón Gómez de la Serna, y a Gerardo Diego.
Por su influencia, y gracias a sus traducciones, fueron descubiertos en España los poetas expresionistas alemanes, aunque había llegado ya el momento de regresar a la patria convertido, irreversiblemente, en un escritor.

Allí fue donde Borges adhiere a la corriente ultraísta, junto a Guillermo de la Torre, Juan Larrea, Adriano del Valle, Eugenio Montes, y José Rivas entre otros.
Cabe recordar que el ultraísmo es un movimiento surgido en España como reacción al sentimentalismo de fines del siglo XIX y contra los postulados modernistas. Su primera manifestación data de 1918, apareciendo el manifiesto Ultra en 1919.

En 1921 regresa con su familia a Buenos Aires, Argentina y se siente muy impactado tanto así como para escribir:

“Aquello fue algo más que regresar al hogar; fue un redescubrimiento. Fui capaz de ver a Buenos Aires con avidez y vehemencia porque había estado fuera mucho tiempo. La ciudad, no toda la ciudad, por supuesto, sino algunos pocos lugares que emocionalmente me significaban algo, inspiraron los poemas de mi primer libro Fervor de Buenos Aires”.

Además de estas expresiones de su autobiografía, ese retorno influyó en otros escritos como “Luna de enfrente” escrita en 1925 o “Cuaderno de San Martín” de 1929, obra por la que recibió el segundo Premio Municipal de Literatura, y en el libro de ensayos “Evaristo Carriego” de 1930.

Jorge Schwartz en “Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y críticos” afirma que podemos encontrar a dos Borges diferentes; uno el de España de 1914 hasta 1924, afectado por la Primera Guerra Mundial, comprometido con la estética expresionista que se sumerge en la obsesión vanguardista por la nueva metáfora y que el regreso a Buenos Aires (Argentina) nos hace descubrir a un segundo Borges comprometido con el lenguaje y las tradiciones de su ciudad natal, que niega al primero.
Formó un grupo ultraísta y tuvo participación en varias publicaciones como autor y creador. Entre ellas nombramos a Prisma desde 1921 a 1922. Proa de 1921 a 1926. Se reunió un grupo de jóvenes escritores que querían cambiar las características de la literatura argentina, dejando de lado la estética modernista y simbolista representada por Rubén Darío en España y Leopoldo Lugones en Argentina.
Es así que se formó un grupo liderado por Borges y que contaba con Oliverio Girondo a quien Borges había presentado estas nuevas ideas del ultraísmo.
En 1921 y 1922 pegaron dos manifiestos en las paredes de Buenos Aires de la hoja mural Prisma en la que se encontraban plasmadas las ideas de su pensamiento estético.
Así surgió la Revista vanguardista más revolucionaria de la Argentina: “Martín Fierro” su manifiesto quedó en manos del escritor Oliverio Girondo comenzando con la frase:

“Frente la impermeabilidad hipopotámica del honorable público”...

Colaboraron en esta revista personalidades literarias como Norah Lange, Ricardo Güiraldes, Carlos Mastonardi, Raúl González Tuñón, Nicolás Olivari,

En julio de 1923 aparece su primer libro de poesía “Fervor de Buenos Aires”. La familia parte a Europa. Primero a Londres y luego van a Madrid. Allí se reencuentra con Cansinos Asséns y Gómez de la Serna a quienes dedica artículos en su primer libro de ensayos “Inquisiciones” en 1925.
En 1924 la familia Borges regresa a Buenos Aires. Se ubican primero en un Hotel y luego en la Avenida Quintana 222. luego viven en un sexto piso en un departamento en las Av. Las Heras y Pueyrredón.
Ese mismo año se une al grupo de los jóvenes vanguardistas de la revista Martín Fierro. Este grupo recibirá luego el nombre de Florida en oposición a otro llamado de Boedo que se caracterizaba por el comromiso social, mientras que el primero tiene como consigna “el arte por el arte mismo”.
En 1925 publica el segundo libro de poesía “Luna de enfrente” y el primero de ensayos que ya mencionamos.
Ya en 1926 el escritor trabaja para el suplemento Literario La razón 8de Buenos Aires). Aparece “El tamaño de mi esperanza” segunda recopilación de ensayos, ilustrado con viñetas del plástico Xul Solar.
Publica El idioma de los argentinos, en 1928, obra con la que obtendrá el Segundo Premio Municipal en Ensayo, y cuyo importe invertirá en la compra de la undécima edición de la Enciclopedia Británica. Es elegido miembro de la comisión directiva de la recién creada Sociedad Argentina de Escritores (SADE).
Hacia 1930 deja la poesía casi por completo y de dedica a la prosa.
Sin duda 1930 fue un año importante para Borges ya que su fama creció en Argentina, pero el auténtico reconocimiento internacional vendría después de pasados muchos años más. Victoria Ocampo crea la Revista “Sur”. en 1931 Mas tarde le solicita a Borges que colabore en la Revista Esto fue motivo de recurrentes encuentros en cas de Victoria Ocampo, pero uno de ellos fue muy significativo para Borges, pues fue allí donde conoció al que después fuera su amigo entrañable: Adolfo Bioy Casares.
En esta época participó Borges en el Suplemento literario del Diario “La Nación”.

En esta época realiza traducciones de William Faulkner, Henri Michau y Virginia Woolf.
Viaja por el norte del Uruguay en 1932, donde conoce la última frontera gaucha y presencia un asesinato en una pulpería. Muchos detalles de sus relatos hacen referencia a este viaje.

Publica en 1935 “Historia Universal de la infamia”, y “El hombre de la esquina rosada”, cuento original y versión definitiva de Hombres pelearon.
“Historia de la eternidad” (1936) y Ficciones (1944) acabaron de consolidar a Borges como uno de los escritores más singulares del momento en lengua castellana. En las páginas de este último libro se despliega toda su maestría imaginativa, plasmada en cuentos como "La biblioteca de Babel",
El fallecimiento de su padre se produce el 24 de febrero de 1938. Borges trabajaba como ayudante de bibliotecario en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, en el barrio de Boedo. Aprovecha allí el tiempo disponible para la lectura de La Divina Comedia, el Orlando de Ariosto y obras de León Bloy, entre otras lecturas. En ese mismo año sufre un importante accidente ocasionado por su escasa visión.
Comienza a escribir narraciones fantásticas. Traduce y prologa La Metamorfosis de Kafka. Vive con su madre, su hermana Norah y su cuñado Guillermo de Torre en la casa de Anchorena 1972.
Su falta de visión es progresiva y esto lo limita en su trabajo, teniendo entonces que recurrir al dictado de sus cuentos, viéndose obligado a recurrir a la colaboración de su madre y amigos.
En 1939 publica en Sur "Pierre Menard, autor del Quijote", su primer cuento fantástico. Aparece la primera traducción de su obra al francés, L'Aproche du Caché, realizada por Néstor Ibarra en Mesures, París.

Ya en 1940 es testigo en la boda de sus amigos Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo y es con ellos con quienes publica “Antología Fantástica” y en 1941 una “Antología Poética Argentina”.
En 1942, Borges y Bioy Casares adoptan el seudónimo de H. Bustos Domecq y entregan a la imprenta unos cuentos policiales que titulan “Seis problemas para don Isidro Parodi”. No logran tener el éxito deseado, e incluso fracasa al presentarse al Premio Nacional de Literatura .La revista Sur ofrece un homenaje de desagravio a Borges por no habérsele concedido dicho premio.
Publica Ficciones en 1944, que incluye los cuentos de El jardín de senderos que se bifurcan y otros cuentos fantásticos. Con este libro obtiene el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina.
En 1945 se instaura el peronismo en Argentina. Su madre Leonor y su hermana Norah son detenidas por hacer declaraciones contraeste régimen: por haber firmado manifiestos antiperonistas, el gobierno lo apartó al año siguiente de su puesto de bibliotecario y lo nombró inspector de aves y conejos en los mercados. Renuncia y se gana la vida como conferenciante.
En 1949 publica “El Aleph”
En 1950 la SADE (Sociedad Argentina de escritores lo nombra su Presidente. En 1955 cae el régimen peronista. Es entonces nombrado Director de la Biblioteca Nacional e ingresa en la Academia Argentina de las Letras.
A partir de allí hay una sucesión de reconocimientos públicos. Es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cuyo, obtiene el Premio Nacional de Literatura; el Premio Internacional de Literatura Formentor, que comparte con Samuel Beckett. Es nombrado Comendador de las Artes y de las Letras en Francia y recibe el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina y el Premio Interamericano Ciudad de Sao Paulo.
En 1967 contrae matrimonio con una vieja amiga, Elsa Astete Millán.En 1970 se separa y vuelve con su madre.
En 1974 vuelve a gobernar la Argentina, el peronismo y entonces Borges es desplazado de su puesto de la Biblioteca Nacional y excluido de los círculos culturales. Al finalizar este gobierno por la acción de la Junta militar Borges, seguramente por lo padecido en los gobiernos peronistas, se alegró por este derrocamiento, llegando a oídos del ámbito internacional, donde Borges era muy escuchado. Este nuevo régimen comenzó a hacer desaparecer a miles de personas entre ellos a muchos escritores. Es entonces cuando Borges, Ernesto Sábato y otros escritores se entrevistaron con el dictador Videla para interesarse por el paradero de sus colegas “desaparecidos”.
Internacionalmente la primera actitud tomada por Borges, no lo benefició. Un académico sueco Artur Ludkvist, manifestó públicamente que jamás recaería el Premio Nobel de Literatura sobre Borges por razones políticas.
Borges merecía el Premio de la Academia sueca pero no lo obtuvo. Pero el mundo entero lo reconoció y reconoce incansablemente. La obtención del Premio Cervantes en 1979 sirvió a modo de compensación.
Borges supo compartir sus últimos años con su incondicional secretaria, compañera y amiga María Kodama, con quien contrae matrimonio poco antes de su muerte y es declarada por el escritor como heredera universal. Nadie mejor que ella para velar por la obra del escritor.





El 14 de junio de 1986 en Ginebra Suiza fallece el escritor argentino Jorge Luis Borges.


No hay un instante

No hay un instante que no pueda ser el cráter del infierno.
No hay un instante que no pueda ser el agua del Paraíso.
No hay un instante que no esté cargado como un arma.
En cada instante puedes ser Caín o Siddharta, la máscara o el rostro.
En cada instante puede revelarte su amor Helena de Troya.
En cada instante el gallo puede haber cantado tres veces.
En cada instante la clepsidra deja caer la última gota.
J. L. B.

Laberinto

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendré fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.
J. L. B.

El laberinto de Dédalo- Escultura de Mailén Lugea




Karel Appel: el último expresionista
Escrito por Miguel Ángel Muñoz



Con la muerte hace apenas dos años del artista holandés Karel Appel (1921-2006), desaparece uno de los últimos expresionistas europeos de la segunda mitad del siglo XX. La trayectoria de Appel adquiere rápidamente una dimensión internacional; conoce a Corneille desde sus primeros años de estudio, y se vuelve a encontrar con él como fundador del grupo experimental holandés Reflex (título de la revista publicada por el grupo). En 1948 este movimiento se fusiona con otros del norte de Europa para crear el grupo Cobra (nombre inventado por Dotremont a partir e las primeras letras de Copenhague, Bruselas, Amsterdam). Appel descubrió su afinidad con el surrealismo, especialmente en su explotación de los sueños, el subconsciente y los mitos. Asimismo reconoció la influencia de Van Gogh, Picasso, Matisse y Kurt Schwitters, sobre todo en el uso de los objetos encontrados.Ya entonces su pintura afirma una sorprendente libertad en formas y colores: mediante los empastamientos y rasguños, los temas que aparecen intercambian sus cualidades. El grupo Cobra dejó de existir en 1951, a causa de las tensiones internas y de la grave enfermedad de sus principales miembros: Asger Jorn y Cristian Dotremont. La última exposición del grupo llevaba el siguiente eslogan: “Mourir en beauté”. Durante los años que pasó en el grupo, Appel llevó el expresionismo hasta sus límites, trabajando con viscerales formas abstractas ejecutadas en empastes densos (como “el panadero que hace el pan”) y colores vibrantes, aplicados con agresivas pinceladas. Las formas figurativas presentaban gruesos perfiles negros. Las figuras o las huellas de la figuración no abandonaron del todo su obra, pero quedaron camufladas en una red de gestos automáticos y en una acumulación de formas similar a la practicada por Willem de Kooning en Estados Unidos. Appel, que consideraba la pintura su principal vehículo de expresión encontró en los escritos de Gaston Bachelard un espacio para ampliar sus horizontes filosóficos. Su pintura puede compararse en esta misma época con la practicada por los artistas abstractos norteamericanos. En el período post-Cobra Appel evolucionó hacia superficies más suaves y formas más fluidas, conservando al mismo tiempo su “locura infantil”. En 1960 recibió el primer premio en la Guggenheim Internacional Exposición. Ocho años más tarde comenzó a realizar pinturas en relieve, así como esculturas en madera, poliéster y planchas de aluminio. Appel se refirió a las obras compuestas de partes móviles de este modo: “Uno las orejas con bisagras para que el público pueda jugar con ellas; además, se mueven con el viento, lo que modifica por completo la forma de la escultura. Son como un juguete”. Inmediatamente después concibe un conjunto de aguafuertes y esculturas coloridas cuyo título El círculo Appel, podría aplicarse a la totalidad de su obra, donde el vital frenesí puede adquirir el aspecto de una máscara risueña o caricaturesca, donde la proliferación de criaturas infantiles o animales es presa del demonio permanente de la metamorfosis. La violencia de los colores y la inagotable exuberancia de las formas proclamaron, en su trayectoria, la abundancia y ebriedad de su discurso plástico, el cual llevó siempre al extremo.Karel Appel cultivó medios diversos, aunque siempre fue fiel a la idea del arte como forma visual de rebelión y de expresión del yo interior en su estado puro y “primario”. En una de las últimas entrevista que concedió, decía que su “obra ha cambiado en el curso de los años; la filosofía que hay tras ella también ha cambiado y continua cambiando. Quiero decir con esto que la pintura es siempre una lucha con uno mismo y los materiales… Es una lucha interior, y una lucha interior significa la evolución interior que el artista puede apreciar en su obra –en su pintura, en su imagen, en su expresión, en su color–, lo que a su vez significa que su evolución interior o se define”. Y creo, que es cierto, pues al volver a revisar la obra de Appel uno descubre no sólo la violencia mágica de cada trazo, sino también su discurso pictórico fiel de principio a fin.



Niños preguntando

viernes, 30 de mayo de 2008

El arte de la esquina

El arte de la esquina

Boletín Mensual Nº 10
Mayo de 2008




En esta edición:


La escultura
¿Quién es Lola Mora? por Elsa Sposaro
"Lysis" de Alicia Grela vázquez
Cuento de Osvaldo Soriano






La escultura
Por Elsa Sposaro

Entre las Artes nos encontramos con la Escultura, que es el proceso de representación de una figura en tres dimensiones. El objeto escultórico es sólido, tridimensional y ocupa un espacio.
Quizá sea la Pintura una de las artes a la que más adhieran aficionados y profesionales, tal vez por la mayor facilidad en el manejo de los materiales a utilizar y su ligero transporte, cosa que no sucede con los materiales escultóricos.
Paradójicamente el hombre común en las ciudades está más en contacto con esculturas que con obras pictóricas originales. Es muy común encontrar una escultura en plazas o las puertas de un edificio público.
En la Argentina, lamentablemente se tiene muy poco reconocimiento a grandes escultores, como es el caso de Lola Mora, de cuya obra trataremos en esta edición.
Los cuidados que los municipios brindan a las piezas escultóricas son escasos o inexistentes. A esto se suma la falta de conciencia en el valor de la obra artística, que va mucho más allá del monetario. No es extraño ver piezas mutiladas, o pintadas con aerosoles.
Existen variadas técnicas de realización de un objeto escultórico.
Así los grandes del Renacimiento italiano (Miguel Ángel, Leonardo da Vinci) definen al escultor como aquel que quita materia de un bloque hasta obtener una figura.Esculpir o tallar es quitar, y es escultor quien sabe quitar lo que sobra en un bloque, de material sólido, que contiene un objeto escultórico en potencia. De este modo se pone de relieve el contraste entre escultura y pintura, ya que esta última consiste en añadir.
También es escultor el modelador, el que efectúa un modelado, quien lo mismo que el pintor, agrega, valiéndose de un material blando (cera, arcilla, yeso). El modelado pertenece, pues, al campo de la escultura, pero difiere radicalmente de la escultura propiamente dicha por lo que concierne al procedimiento.




¿Quién era Lola Mora?


Fue la Primera Escultora Argentina y Sudamericana, pionera de la Minería Nacional, Inventora, Investigadora y Urbanista. Escritora.





Quizá nació en una época equivocada. Quizá la sociedad era la única equivocada.
Su nombre completo era Dolores Candelaria Mora Vega, y nació en El Tala, Departamento La Candelaria, en la provincia de Salta (antigua Gobernación de Salta del Tucumán), el 17 de noviembre de 1866.
Asistió a la escuela en el Colegio de las Hermanas del Huerto, donde ya despuntaban sus aficiones artísticas Quedó huérfana siendo niña y a los 12 años comenzó a estudiar pintura con el maestro italiano Falcucci.
quien la introdujo en el neoclasicismo, estilo que no abandonaría nunca.

A los 18 años, realizó su primera exposición con dibujos al carbón de los gobernadores de Tucumán.
Consiguió una beca para estudiar en Buenos Aires, donde permaneció por dos años. Emparentada con ilustres linajes tucumanos. -pariente de Juan Bautista Alberdi y ahijada de Nicolás Avellaneda- tuvo el privilegio de canalizar su temprana vocación por la escultura en Europa.
Consiguió otra beca, pero esta vez para ir a Italia.





Se había dedicado exclusivamente a los retratos pero al llegar a Roma comenzó sus estudios con Francesco Paolo Michetti, para pasar luego al estudio de los escultores Barbella y Monteverde, especialistas en monumentos conmemorativos.
Podría decirse que este ha sido un momento crucial en la vida de la artista, ya que un universo de nuevas posibilidades y conocimientos se abrían por estos nuevos caminos.
Comenzó a relacionarse con personas de reconocida trayectoria en el medio. Ya se hablaba de su obra.



Se presentó en un concurso en París y ganó una medalla de oro que la colocó definitivamente en el éxito del ámbito escultórico. De este modo recibió incontables llamados por pedidos, dentro de los que se encontraban por ejemplo el del rey Humberto y la reina Margarita de Italia.
Armó entonces su propio taller, que se convirtió en un sitio de encuentro de artistas y especialistas.


Lola Mora en su taller

Realizó un monumento a la reina Victoria para la ciudad de Melbourne.
Se efectuó un certamen para realizar el monumento del zar Alejandro I, a realizarse en San Petersburgo. Lola Mora debía adoptar la nacionalidad rusa, con la que la artista no estuvo de acuerdo y esto le impidió realizar la obra.

La artista deseaba volver a la Argentina y así lo hizo. A principios de siglo ofrece al gobierno nacional realizar una obra en la Plaza de Mayo sin cobrar honorarios.
Así nació la Fuente de las Nereidas, realizada en mármol de Carrara. Esta obra fue inspirada en la mitología. Es la representación del nacimiento de Venus, diosa del amor, la belleza, la gracia y los mares. Las Nereidas que sostienen a Venus son, según la mitología, hijas de Nereo y Doris, y representan la variedad de fenómenos y aspectos del mar.
Esta obra resultó escandalosa para la sociedad de esa época y así fue que terminó siendo emplazada en la esquina de Avenida Alem y Cangallo (hoy Perón), e inaugurarla el 21 de mayo de 1903.

Como en todo evento de esta categoría, debían asistir autoridades, entre ellas el Presidente de la República el General Roca, quien estuvo ausente en la inauguración. Otra nota fue la ausencia de mujeres que se decían ofendidas y agredidas por la desnudez de las figuras.
Tal y como se hacía mención en este artículo, la maravillosa escultura de Las Nereidas, sufrió todo tipo de ataques; las críticas verbales muchas veces se convertían en físicas dando como resultado el traslado en 1918, a la quietud de la Costanera sur, donde la ausencia de personas harían olvidarla.

Las palabras de respuesta de Lola Mora a tales hechos fue: "Lamento que la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura que haya podido crear Dios".

En 1907, a la estatua de Aristóbulo del Valle que le había sido encargada, y que estaba emplazada frente a los lagos de Palermo, le destrozaron un brazo poco antes de ser inaugurada y acabó sus días en un depósito municipal, separada de la figura femenina que la completaba. Esta no ha sido la única obra de Lola Mora que ha sufrido desplantes. En 1906 realizó para el Congreso de la Nación cinco alegorías y dos leones para la fachada exterior, y cuatro mármoles, honrando a Alvear, Laprida, Zuviría y Fragueiro, para el interior.

La incomprensión y la ignorancia hicieron que el gobierno de Roque Sáenz Peña en 1913 las removiera del Congreso y las esparciera en distintos puntos del país.En 1908 fue designada para realizar el Monumento a la Bandera en Rosario de Santa Fe. Representó a la figura central de la libertad como una mujer con el pecho descubierto inspirada en "La libertad guiando al pueblo", de Delacroix.

Tuvieron que pasar quince años de críticas severas para que el presidente Torcuato de Alvear rescinda el contrato.


Imagen de una de las estatuas de Lola Mora, en el Monumento Histórico Nacional a la Bandera, Rosario, Argentina. Foto de Luis A. Blotta.


Debido a esta postura de la sociedad hoy el arte argentino se ve privado de la majestuosidad de las obras de Lola Mora. Europa pudo reconocer en ella la gran creadora que no supo ni quiso ver y apreciar la Argentina. Como consecuencia de ello no queda mucha obra de la artista como no sea alguna en el Cementerio de la Recoleta, los bajorrelieves en la Casa de Tucumán, el busto a Sáenz Peña en la galería de los presidentes de la Casa de Gobierno y alguna en las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán Mendoza y Corrientes.
Lola Mora deja la escultura y lleva a cabo proyectos de ingeniería. Participó como contratista en la obra del tendido de rieles del Ferrocarril Transandino del Norte, más conocido como Huaytiquina, por donde hoy transita el mundialmente famoso Tren a las nubes (Provincia de Salta) y financia prospecciones petrolíferas en Salta.
Como urbanista, es autora del Primer Proyecto de Subterráneo y Galería Subfluvial de nuestro país, previsto para Capital Federal, uniendo la
Casa Rosada con la Costanera Sur, y del trazado de calles de la Ciudad de Jujuy.

Intentó la invención de un sistema de
cinematografía color basándose en la iridiscencia de las emulsiones oleosas sobre el celuloide, y aunque su idea estaba bien encaminada, el desconocimiento de datos científicos hizo que no se pudiera concretar en la práctica.
La tienda departamental Harrods de Buenos Aires inicia un ciclo cinematográfico utilizando un proyector ideado por Lola Mora, que permitía realizar proyecciones a la luz del día.


Existen versiones opuestas respecto a cómo pasó sus últimos días ,la artista. Una dice que sus proyectos la dejaron en bancarrota y se instaló en casa de unas sobrinas en Buenos Aires, donde vivió pobremente hasta su fallecimiento, Otra dice que vivió bajo el permanente cuidado de sus sobrinas quienes velaron por ella hasta el último momento.

Otra versión dice que murió en una pensión de buenos Aires y que fueron sus sobrinos quienes dilapidaron su fortuna y destruyeron gran parte de sus bocetos y correspondencia, para no dejar una mala impresión de la familia.
Sin llegar a cobrar una pensión del Congreso Nacional. El 7 de junio de 1936 fallece.
Aparecieron extensas notas necrológicas en las principales publicaciones argentinas.


Caras y Caretas, por ejemplo, comentaba:

"Siempre nos sorprende la tragedia del talento olvidado. Ahora más, al herir a una mujer, a la primera mujer argentina, cuya vocación supo afrontar las dificultades del mármol, los laboriosos primores del modelado de la arcilla."
Caras y Caretas


El vespertino
Crítica señalaba responsables del abandono en que se encontraba la tucumana:

"...Es el homenaje perenne y sincero que compensa, hasta cierto punto, la ingratitud material de los poderes públicos y la sorda hostilidad de nuestros círculos artísticos que veían en Lola mora la expresión de gustos anticuados y definitivamente 'pasados de moda.'"
Diario Crítica

Por su parte, el
Diario La Nación que tantos favores concediera a Lola Mora en sus años de esplendor, decía sobre ella:


"El decidirse por el arte ya había significado una proeza, recordemos la fecha de sus comienzos y su actuación inicial. Mujer y escultora parecían términos excluyentes. Los prejuicios cedieron, sobrepujados por la evidencia de su obra."
Diario La Nación


Detalle de la Fuente de las Nereidas.




Obra de Lola Mora:

  • Fuente de las Nereidas, conocida como Fuente de Lola Mora, 1903, en la Costanera Sur, Buenos Aires
  • El eco, 1906, parte de un monumento en homenaje de Aristóbulo del Valle, en el Zoológico de Buenos Aires.

  • Grupos escultóricos destinados al Congreso Nacional pero finalmente donados a la provincia de Jujuy y ubicados en su ciudad capital.

  • La Paz, La Justicia, La Libertad y El Progreso, 1906, rodeando la Casa de Gobierno.

  • Los leones, en el barrio Ciudad de Nieva.

  • El Trabajo, en la estación de ferrocarril

  • Estatua de Facundo de Zuviría en los Jardines de Lola Mora, Salta

  • Monumento a Avellaneda, 1908-1913, en Avellaneda (Buenos Aires).

  • Mausoleo de la familia López Lecube, 1912, en el Cementerio de La Recoleta (Buenos Aires)

  • Hermes, en San Salvador de Jujuy

  • Segunda versión del Monumento a la Bandera, actualmente integrada en la tercera, en el Parque de la Bandera, Rosario.

  • Busto de Luis Sáenz Peña en la Casa Rosada (Buenos Aires).

  • Tintero de bronce, utilizado en las ceremonias de traspaso de gobierno (Museo de la Casa Rosada, Buenos Aires)

  • Lápida de Facundo Victoriano Zelarayán, una de sus primeras obras, en el cementerio de La Candelaria (Salta).


Detalle de las Nereidas - Lola Mora

La Comisión Interprovincial de Homenaje Permanente a Lola Mora, el 17 de noviembre de 1996, descubrió la Piedra Basal del “Monumento a Lola Mora”, que se erigirá frente a los Jardines que lleven su nombre, en el Parque San Martín de la Ciudad de Salta. A la vez que desde 1995, viene organizando año tras año la “Semana de las Artes”, que se celebra en simultáneo en El Tala y la Ciudad de Salta (del 17 al 23 de noviembre) con participación de todas las disciplinas artísticas y las Regiones del país bajo la denominación de Festival Nacional de las Artes “Lola Mora” (o Lola Mora Festival).

Pasaron muchos años de olvido e injusticia hasta que el Congreso de la Nación Argentina por medio de la ley nacional 25.003/98 instituyó en su homenaje el Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas el 17 de noviembre, (aniversario del natalicio de Lola Mora).
En
1996 Javier Torre dirigió, Lola Mora, una película basada en su vida.

Y en 1999 se filmó un documental sobre ella y sus obras, quizá una suerte de reivindicación por tantos años de olvido.




Lysis

Tiempo: circa 1200 a.C.
Lugar: Asia Menor- Troya
Personaje: la mujer: Lysis (amiga de Casandra)

Desde este luminoso lugar, que es mi país, les contaré, ya que así me lo han pedido, las historias que sé, por haber tomado parte de ellas.
Nada diré que no sea verdadero. Pero mi versión, que algunos llamarán interesada, puede que difiera de la que Uds. conozcan a través de las voces de algunos poetas.



Ustedes como anteriormente los griegos, nuestros enemigos malos, consideran “creativos” a quienes con lenguas de víboras silbaron dudosas acciones.
No insistiré en esta cuestión. La guerra continúa y así será a través de los siglos. De ustedes sólo pido la atención y el relato será la apología (defensa y elogio) de nuestros hechos.


Pongo a Palas por testigo, juez y parte, (diosa de la sabiduría, de la justicia y de la guerra) de cuanto les he de decir. Y pido a Apolo, que sabe la verdad, me castigue, como lo hizo con mi amiga Casandra y me condene de igual modo, si mis palabras fuesen engañosas.

Comenzaré por decirles que nací en lo que llaman Asia Menor, en las proximidades del Estrecho de los Dardanelos, (Helesponto). En la ciudad más bella y próspera de la región: Ilión (Troya).
Las características de nuestro pueblo y las de nuestra geografía no han sido bien descriptas y no son concordantes con nuestra realidad. A las que ya mencioné, agrego la presencia de los pozos de agua que permitieron sobrevivir a la población por los diez años que duró la guerra y también las tierras de cultivo. Eso también nos ayudó a seguir con vida hasta el fin.


Es la nuestra una tierra joven, montañosa, marinera. El clima es benigno con una estación seca: el verano muy propicio para la instalación humana.
Para entonces el bienestar general de nuestra gente y la magnificencia de nuestros reyes estaban basados en la estratégica posición de Troya. Esta le permitiría tan pronto cobrar impuestos a las naves que traficaban entre los mares Egeo y Negro, como controlar las rutas a Oriente y abastecerse de trigo que producían las fértiles zonas asiáticas.
Este auge comercial favoreció algunas incursiones navales que llegaron a las costas griegas. Pero aquí la mala conciencia de los helenos actuó contra nosotros.


Fuimos considerados piratas, porque por su propia experiencia interpretaron que haríamos luego, lo que primero hicieron los aqueos y luego los dorios: invadir exitosamente el territorio.
Si un pueblo cobra un derecho de paso eso es “peaje” y debe hacerlo para mantener las rutas de manera tal que sean seguras. Cuando nosotros lo hacemos, somos abusivos, y carecemos del derecho natural que legitime esa acción.


La felicidad no tiene historia. Puedo poco decir de mí, en esos años, sino que cumplía con todas las condiciones de posibilidad de la eudemonía. Nacida en el seno de una buena familia, fui llamada Lysis porque esa era una invocación y un modo de realizar sus deseos.

Crecí como otros niños, atendiendo a las reglas de una moral heroica: el amor a la gloria. Realizábamos nuestro ideal. La perfección (areté) era el honor, del cual fuimos atrozmente despojados. Pero no me anticiparé.


Los días entonces transcurrían iguales los unos a los otros.
Compartía con Casandra y sus hermanas el aprendizaje de los buenos hábitos para comer, las enseñanzas de canto y a ejecutar la lira, mientras los varones practicaban el manejo de las armas; algunas de ellas eran aún de cobre.


En el tiempo libre corríamos por los huertos y jardines que rodeaban el palacio real o nos demorábamos en las habitaciones perfumadas, conversando, haciendo planes, saboreando algunas de las delicias que nos llevaban o intercambiando ropas, calzados y adornos, para vernos mejor.
“Tu peplo por mi clámide”; “tu broche por mis sandalias”. Eso se oía y nuestras risas.
Casandra ya profetizaba, pero en ese medio, era igual que le creyésemos o no. Más tarde, aún anunciando el trágico final, fue desoída.


Los nuestros fueron no sólo sordos a sus voces sino que cruel y estúpidamente, se burlaron de sus visiones.¡Horrible venganza de Apolo!.
El la desacreditó y al hacerla inverosímil introdujo múltiples e indeseables efectos: a ella la hizo pasar por loca (como si los locos no pudiesen también decir la verdad); a quienes la queríamos nos llenó de dolor su sufrimiento y la incomprensión de que fue objeto; y a todos nos llevó a ser víctimas de los bárbaros aqueos que llamaban “bárbaros” a quienes no hablaban su lengua.


Los dulces años pasaron. Eso lo supo cuando llegaron las naves griegas. Mil doscientas, quizás más. Los más jóvenes llegamos hasta la costa para presenciar el comienzo de nuestro fin. Barcos de diferentes características y tamaños, pero todos con remos y velas tomaron su lugar en nuestra mar.

Grandes hombres daban gritos y al cabo de poco tiempo otros habían terminado de construir una empalizada que ocultaba las naves de nuestra vista. Corrimos a contar la mala nueva, preguntándonos el porqué de todo ese despliegue.
Más tarde hubo versiones. Durante los diez años que duró la cruenta guerra oímos tantas y tan diferentes...Si la guerra fue sangrienta, la paz lo fue aún más.


En la pelea se derramó la sangre de nuestros campeones y nuestros héroes. Pero, ¿qué sucedió cuando fuimos vencidos? Los griegos impusieron sus reglas: sólo la victoria da derechos. Durante una década, y aún después sufrimos por un conflicto insalvable, un poder oculto nos aplastó. Pero debíamos presentar batalla e intentar la superación.
Pero ¿cómo hacerlo sin ofender a los dioses? ¿cómo, sin incurrir en la hybris, el exceso, el peor de los pecados que desencadenaría mayores males como castigo a nuestras acciones? El conflicto nos enfrentó a la fatalidad, a lo inevitable, al dolor y a la muerte.
En la desesperación por entender lo incomprensible, por racionalizar lo irracional, buscamos causas, responsables y hallamos culpables (o inocentes) que castigamos.


La versión de nuestro enemigo pone como responsables de nuestra destrucción a las diosas Hera, Atenea y Afrodita. Su vanidad, su competitividad y su egoísmo se habrían manifestado en el certamen que determinaría cuál era digna del título que conferiría la manzana de Eris: “a la más bella”.
Yo, como le oí a Hécuba, nuestra reina, viuda entonces del rey Príamo, considero que las diosas son inocentes y sólo los hombres son culpables. Éstos acusan a Afrodita de sus deseos insensatos. Otros eligen, como Hécuba, a Helena, hija de Zeus y Leda, como desencadenante del conflicto. Pero yo sé, porque vi la conducta de su esposo Menelao, que no vino por ella, sino por nosotros y nuestras riquezas.


Helena prefiere responsabilizar a Hécuba ( la madre de su raptor). Pero, ¿se puede pedir mayor sacrificio a una madre de muchos hijos que para salvarlos a todos de la destrucción y la muerte, que el abandono de aquél que las versiones proféticas anunciaran como el fin de los troyanos?
Ella entre lágrimas, lo dejó para que muriese. ¿Habría que culpar a la osa que lo amamantó como a otro de sus cachorros y le salvó así la vida? ¿O quizás al piadoso Príamo que al verlo fuerte y hermoso lo sumó nuevamente al conjunto de su numerosa prole? Él hizo de Paris un Alejandro. Y éste nunca fue consecuente con su nombre. ¡Cobarde!
Muchas veces oí los reproches de su madre, de su esposa y de su heroico hermano, nuestro campeón: Héctor.


¿Cómo entender que Andrómaca, con la que tantas veces jugué de niña, fuese llevada por sus verdugos? ¿Cómo, que fuese tomada por Pirro, el hijo de Aquiles, el matador de su esposo? ¿Cómo, que se destruyera un matrimonio ejemplar como el suyo? ¿Cómo, que decidieran por ella dar muerte a su pequeño hijo, por ser la semilla de nuestro bravo campeón? Esto para no mencionar las intrigas en las que debió tomar parte, para vengar tanta infamia. Andrómaca fue elegida por sus virtudes. Ella sabía lo que debe conocer una esposa: cuándo hablar, y cuándo callar...


Y la pequeña Polixena, a poco apareció degollada en la tumba a la que estaba consagrada. Y justamente de Aquiles, que se enfrentó a los jefes griegos primero, por la hegemonía de los ejércitos y luego, por el reparto del botín de guerra, parte del cual era una de nuestras hermanas.

Pero vuelvo a Hécuba, la que fue no sólo la madre de mi amiga, sino la mía como la de todo mi pueblo. Ella fue entregada a Ulises como esclava. Se trató de conformarla diciéndole que sería servidora de una mujer casta, de una reina, de Penélope. ¡Pobre consuelo ofrecido a sus años! No sería una de las que yacen heridas por las duras tareas manuales y el maltrato de sus amos. Pero seguramente conduciría, educaría a los hijos del astuto destructor de su reino y su gente. Por su extracción y formación sería pedagoga. Una esclava que enseñaría valores fundamentales y trascendentes a sus enemigos y opresores.


Finalmente les diré de mi gran amiga Casandra. Ella, como sus hermanas, fue educada y conservada virgen por su madre. Las demás, esperando hallar y merecer buenos maridos. Ella, para consagrarse a Apolo. Y fue precisamente ella quien fue violada y tomada como amante por el rey de reyes de los ejércitos panhelénicos: el poderoso Agamemnón.



Casandra violada por Ayax en el templo

Este miserable rey, que porfió su jefatura con el más astuto: Ulises, con el esposo ofendido: Menelao (su concuñado, además) y hasta con un semidiós: Aquiles; y salió triunfante, pues a criterio de los griegos era más porque tenía más. Desde entonces, en el mundo que fue de ellos, se consagró esta ley: ser es tener. Así, es más el que tiene más. ¡Pobres vencedores y míseros vencidos!

Nuestra Casandra, que se negó a cantar por no celebrar malas acciones, prometió la muerte a Agamemnón. Ella recibió la luz por Apolo, y también su furor y demandó a Himeneo la llama correspondiente a las bodas de las vírgenes (ella lo era).
Recuerdo de ella su bravura, su sensatez, cuando pedía rehuir la guerra, pero exigía valentía en la lucha, si ésta sobrevenía.
Evoco las críticas de los nuestros, cuando ella reía de sus males domésticos y cotidianos y predecía cosas (que podrían no suceder nunca, como los viajes de Ulises).
Elogio su fuerza y su sabiduría, cuando afirmaba que el muerto no llora por sus dolores. La muerte no es nada. La vida espera siempre.
Ella es nuestro emblema patrio. Con ella los frigios seremos símbolos de libertad para el mundo venidero.


Los reyes, los poderosos, no son necesariamente superiores a los que nada valen, a los comunes, como lo mostró el más grande de los griegos poseído por el deseo de esa ménade.
Finalmente, en mi despedida de ustedes, agradezco a Atenea que haya querido tomar venganza por Casandra, que fue arrastrada de su templo por los griegos, sin que ni uno solo saliese en su defensa.
Palas, persuadiendo a Poseidón consiguió la furia del mar, y de Zeus el granizo y el fuego del rayo que llevaron al naufragio a las naves de los saqueadores de Troya...
Nosotros, los pocos que sobrevivimos a los terremotos, los maremotos, los incendios y la furia de los griegos, reconstruiremos Ilión piedra por piedra, con ayuda de los dioses.


Lic. Alicia Grela Vázquez



Cuento de Osvaldo Soriano

Mecánicos

Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día. indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. A esa edad creemos que el mundo solo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.


Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó que haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar.

A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico.

Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos.

Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo. Yo no le hice caso pero él se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para que servían.

A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tiré en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller. -Sos un cabeza hueca-me decía. Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa, que le prestaba un vecino. Tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré.

Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar del Plata. Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura mi padre me pidió que eligiera por donde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezó a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles. Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas.

A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigüeñal. De vez en cuando mi viejo gritaba "¡Carajo, qué mal trabajan los franceses!" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador.

El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi se pierde los tallarines gratis: --Doce-- le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles . Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.

Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera.

La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. Dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la Patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio. Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era más atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cual pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para que con un responso lo ayudara a rehacer el embrague.

Al fin, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.

Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las vergüenzas con los restos de un mantel.

Mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. En el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave.

Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida. Adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateo con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como una gallo de riña. Después me guiñó un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes. -Andá-me dijo-. Presentáte al regimiento como mecánico, que te salvás de los bailes y las guardias.

Ese año hice más de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para el su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.

"Cuentos de los años felices". © 1993 Editorial Sudamericana