jueves, 21 de agosto de 2014

El arte de la esquina
Boletín mensual Nº 85-Año VIII

Agosto  de 2014

Anna Airy - La prensa I




SUMARIO
Apuntes para una Estética del Impresionismo (X parte)
El árbol de la vida
A Betina




Apuntes para una Estética del Impresionismo (X parte)
Texto: Lic. Alicia Grela Vázquez
Imagen: Prof. Elsa Sposaro


Saliendo de Francia el Impresionismo logra arraigar en toda Europa. Pero, si bien su influencia es muy amplia, aunque fragmentada, se fusiona con las tradiciones pictóricas de cada país. En las Islas Británicas se destaca Philip Wilson Steer.


Philip Wilson Steer


Sus obras impresionistas son variadas y las más señaladas son “Las arenas de Boulogne” y “The Beach at Walberswick”. De todas ellas sólo logra exponer dos en la Academia: “Fantoise”  (la cabeza de una chica italiana) y “Descubrimiento” (una mujer con máscara). Con ellas consigue hibridar el Impresionismo de impronta francesa con los valores estéticos ingleses, que plasma en óleos y acuarelas.



Las arenas de Boulogne 



The Beach at Walberswick


Por otra parte, se destaca como maestro de artistas. De los que le reconocen como tutor descuella la grabadora Anna Airy.





Mas, al prestigio y posterior consolidación de la escuela, contribuyen otros artistas británicos. Entre ellos quizás el de mayor relieve sea Alfred Sisley, continuador de los pintores paisajistas ingleses.


Alfred Sisley



Río, bote y puente - Sisley


En el Salón de l870 expone “El Canal de Saint-Martin”, sobre un pequeño lienzo, que pinta al aire libre. De igual modo (según el método de los impresionistas) produce “El Camino de Sevres”.


St Martin Canal



Camino en el campo - Sisley


En el extremo occidental del continente europeo, España muestra la influencia impresionista en Darío Regoyos. Él es quien elige para su obra los temas paisajísticos, rurales y cotidianos.





Paisaje de Hernaní - Darío Regoyos


Pese a ser el más destacado impresionista español, no tiene aún el lugar que se merece. No obstante, el Museo Carmen Thyssen lo cuenta con orgullo entre los grandes artistas plásticos que exhibe.

Este admirable pintor del impresionismo, incide también en el divisionismo, pues lo anticipa, incursionando en él. Y además, cultiva magistralmente el grabado, como lo demuestra en “La España negra”.



Víctimas de la fiesta - Regoyos


Por su parte, Joaquín Sorolla pinta escenas de pescadores valencianos y de las playas del Mar Mediterráneo. Seduce al gran público con los “Pescadores Valencianos” tanto como con “Las playas mediterráneas” en que el impresionismo alterna con el naturalismo. Vuelca con éxito su talento en ambas temáticas, al igual que en los retratos.




Autorretrato de Joaquín Sorolla


También trabaja para la realización de un mural de las distintas regiones de España, recogiendo información sobre sus tradiciones, costumbres, hábitos y trajes típicos. Simultánea y alternativamente experimenta con las propuestas vanguardistas de su tiempo.

Bote en la playa - Sorolla



Tres velas - Sorolla


En la Península Itálica se consagra Giovanni Segantini, en cuya obra se reconoce el sincretismo entre el Impresionismo, el divisionismo postimpresionista y el simbolismo (por el empleo de alegorías). Con los artistas peninsulares se anuncia la llegada de los nuevos movimientos pictóricos.


  Autorretrato - G. Segantini



Las dos madres - Segantini



Juntando heno - Segantini



El castigo de la lujuria - Segantini



El árbol de la vida

Texto: Lic. Alicia Grela Vázquez
Imagen: Prof: Elsa Sposaro


El árbol de la vida - Elsa Sposaro


Aunque el árbol de la vida nominalmente se presenta como una unidad, con un mayor acercamiento, la mirada puede encontrar diferencias considerables, que merecen ser destacadas.

En América Central, sede de culturas admirables (como la maya y la azteca) el árbol de la vida corresponde al árbol del mundo, que marca los cuatro puntos cardinales y los señala con colores distintivos.


Ceiba maya


Viajando de oeste a este, se lo encuentra entre los celtas, quienes lo hacen coincidir, como árbol sagrado, con el roble, cuidado y respetado por la toda la comunidad y consagrado por los sabios druidas.


Roble celta


En la mitología nórdica el árbol de la vida era el Yggdrasil, correspondiente a un gigantesco fresno que vinculaba el reino de los hombres con el de los dioses y el mundo subterráneo. Una fuente emanaba desde sus raíces el agua burbujeante que alimentaba a los ríos que de allí fluían, simbolizando la sabiduría.


Yggdrasil 


En el Antiguo Egipto el árbol de la vida coincidía con el sicomoro, que a su vez era considerado entre las especies sagradas. Se creía que había crecido en un sacro  lugar, símbolo del origen de la creación, en el límite entre la vida y la muerte.


Sicomoro


El  movimiento circular y uniforme, conservando la dirección, lo halla en Oriente Medio entre los hebreos, relacionado con la Cábala  y la Torá. En lo que hace a la primera, la tradición conserva aún los diez nodos, esferas o etapas de la revelación. Algunos de ellos aparecen más claramente definidos y acotados, como:
  • El agradecimiento
  • La belleza
  • La libertad
  • La sabiduría
  • La verdad
  • La inteligencia

Más difusamente aparecen:
  • La justicia, que manifiesta la fuerza o victoria de la vida sobre la muerte
  • La gloria, que es vista como eternidad
  • La grandeza, que se presenta como misericordia
  • El fundamento, que se constituye en principio formal

Árbol de la cábala

Por su parte, la ley escrita en el Éxodo considera a la zarza ardiente del Monte Sinaí, una acacia.
Zarza ardiente



El cristianismo conserva esa misma identificación y agrega otras referencias. En el Génesis se lo confunde con el árbol de la sabiduría del bien y del mal, que es por eso mismo, dualista. Simboliza así el estado paradisíaco del cual el hombre puede caer. Mientras que en el Apocalipsis se hace de él un árbol ribereño que da doce frutos al año (uno por mes) y cuyas hojas curan los males de las naciones.



Arbol de la sabiduría


El Islam también lo tiene. Prueba de ello es que los musulmanes, para hacer sus oraciones, se arrodillan en alfombras bordadas con diseños del árbol de la vida, símbolo de la salvación.


Tapiz islámico para la oración


La metáfora culmina en el Extremo Oriente. En el budismo se cree que el árbol Bodhi es descendiente de la higuera sagrada a cuyo reparo el príncipe Gautama, meditando, halló la iluminación.



Árbol Bhodi Budista


En China, se agrega a la forma anterior otra en que, por estar custodiado por un ave fénix y un dragón, se lo vincula con la inmortalidad.

Finalmente, el sincretismo propio del mundo posmoderno actual, le adjudica entre otras características:
  • la amabilidad
  • el amor
  • la bondad
  • la paciencia
  • la paz
Al regalar un árbol de la vida, se entrega el deseo de que el receptor del presente conserve (u obtenga) esos preciados valores.


El árbol de la vida - Gustavo klimt



A Betina

                      
Betina

Oda al gato

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.
                                             Pablo Neruda


A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

                     Jorge Luis Borges


Betina


El Gato

Ven, bello gato, a mi amoroso pecho;
Retén las uñas de tu pata,
Y deja que me hunda en tus ojos hermosos
Mezcla de ágata y metal.

Mientras mis dedos peinan suavemente
Tu cabeza y tu lomo elástico,
Mientras mi mano de placer se embriaga
Al palpar tu cuerpo eléctrico,

A mi señora creo ver. Su mirada
Como la tuya, amable bestia,
Profunda y fría, hiere cual dardo,

Y, de los pies a la cabeza,
Un sutil aire, un peligroso aroma,
Bogan en torno a su tostado cuerpo.

                                            Charles Baudelaire